Feb 12

A filo de playa

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Ha cerrado la puerta del automóvil. El golpe ha sacudido polvo de la puerta del conductor. En el  parabrisas posterior se aprecian stickers con los nombres y colores de distintos países. Son argentinos. El copiloto, que regresaba al auto mientras el otro cerraba la puerta, tiene un mate. El tercer tripulante es una mujer. Es pequeña, con cabellos rizados castaños y ojos claros, verde agua. El piloto, pelado como un foco, habla con el trabajador de la gasolinera.

“¡Ruta del Sol, ché. Agarráte, vieja, que esto sigue de largo!”, les advirtió el pelado. Encendió el auto y agarró camino. Bellas playas ecuatorianas esperan por estos tres. La Ruta del Sol recorre 115 kilómetros aproximadamente y va desde la provincia de Santa Elena hasta el sur de Manabí. Esta pertenece a otra ruta más grande, la Ruta del Spondylus, pero esta última se diferencia porque va desde toda la franja costera del Ecuador hasta llegar al norte de Perú.

Son viajeros. Hay libros, mapas, sleepings, utensilios, carpa y caja de herramientas dentro del auto. Los tres tienen el rostro quemado y el foco de la batería en el panel está encendido. “No me cargués, esas cosas nunca son ciertas”, se justifica el piloto ante la observación del foco prendido por parte de la chica, la tercera tripulante. El sol cae, hay brisa pero el auto no tiene aire acondicionado. Están muertos de calor. Nicolás y Russo están descamisados y con las caras rojas. La chica tiene en la mano una botella con agua. Da sorbos cortos, como quien administra el recurso.

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Las aves merodean a los pescadores, hay niños que corren lejos cuando se acerca la marea, se emocionan como que huyeran de un monstruo. Un letrero grande avisa el arribo a Salinas, y playas como Chipipe y San Lorenzo están prestas para los turistas. El copiloto, Nicolás, le pide al Russo que frene más adelante para consultar por La Chocolatera o la Lobería porque algo había visto en internet. Estos destinos se ubican en la Reserva Marino Costera Puntilla de Santa Elena.

Salinas es muy reconocida por ser una capital de eventos y poseer una infraestructura hotelera de nivel internacional. Sin embargo, los cantones Santa Elena y La Libertad registran vestigios de asentamientos desde el año 8 600 antes de Cristo. Por ejemplo, en 2005 se encontró una vasija que pertenece a la tercera fase de la cultura Valdivia.

Del maletero han sacado una mochila. La chica ha agarrado una estera y se ha acostado en la arena. Nicolás le indica al Russo que consiga mayonesa. Como quien mira un manjar, Nicolás saca una lata de atún. “¡Traéte pan también, pibe!”, le grita al Russo. Florencia se ha levantado, se sacude la arena de la ropa y busca a sus compañeros. “Tá linda la playa”, señala la joven.

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El viaje tiene que continuar. Los argentinos han alzado sus cosas y van tras la ruta. Su auto, un sedán, ronronea cuando es encendido. El siguiente punto en el trayecto es La Libertad. Anteriormente conocido coma La agujereada, cambió su nombre en 1918, hace 98 años. La cultura que habitó esta zona se llamó Las Vegas.

Los habitantes de esta zona se dedicaron a la caza, recolección y técnicas primitivas de agricultura. Aquí se encuentra la playa El Cautivo. Con un kilómetro de extensión ofrece a los bañistas actividades al aire libre como volley, fútbol, surfing, entre otros. En tanto, el mirador La Caleta es para esas personas que gustan de los lugares altos donde se puede contemplar toda la ciudad y el mar.

Al este, y más apegada a la parte continental del país, está Santa Elena. Uno de los íconos y atractivos de la ciudad es su iglesia construida en madera. Aquí también los visitantes disponen de un mirador, precisamente el cerro El Tablazo. Además,  tiene diferentes balnearios como Montañita, Punta Blanca, Ayangue, Ballenita, San Pablo, entre otros.

Los argentinos se han encontrado con otro grupo de viaje. El segundo, que es un mix entre chilenos, colombianos y argentinos. Estos les avisan de los bellos pasajes que registraron sus retinas en Puerto López y Puerto Cayo. “Muy muy lindo y si pueden visiten el Parque Nacional Machalilla, háganlo”, exclamó uno de los colombianos.

“Matorral desértico tropical, monte espinoso tropical, bosque tropical y monte espinoso premontano. Suena a paraje de película este Machalilla, che. ¿Nos animamos?”, alentó Nicolás. ‘Flor’ solo sonrió y Russo se dio cuenta de que su voto ya no servía.  A los viajeros les esperan los únicos arrecifes de coral en la costa de Ecuador y la mayor biodiversidad de toda la costa continental. Se dirigieron a una gasolinera, pero esta vez, antes de partir, los tres se pusieron a lavar el auto. ¡Y chequearon el foquito de la batería!

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