Feb 22

Atlanta el mar tierra adentro

Las ciudades de los Estados Unidos de América, salvo algunas importantes excepciones, tienen un sello en común: anchas calles y avenidas; un cuidadoso y uniforme sistema de señalización, y un orden que se respira en cada esquina. Una fotografía de cualquier ciudad en este país de Norteamérica no identifica su ubicación ni define en qué estado fue tomada, ni tampoco sabremos a qué ciudad corresponde. La uniformidad urbana es la tendencia.

Pero hay una ciudad que se destaca por su originalidad, su innovadora arquitectura y su entorno de árboles. Es Atlanta, capital y principal centro urbano y administrativo del estado de Georgia. Es una ciudad larga y angosta, con algo más de medio millón de habitantes y rodeada de abundantes y densos bosques. Se enorgullece de varios récords (algo que aficiona mucho a los estadounidenses): tiene el aeropuerto con mayor movimiento de pasajeros del mundo (más de 95 millones y casi un millón de vuelos al año), es la octava ciudad más productiva de EE.UU. y posee el mayor acuario del planeta.

Su bullente economía se fundamenta en dos factores: una privilegiada ubicación geográfica y una fuerza laboral bien educada, con una media bastante más alta que el promedio nacional. Por la primera condición, grandes corporaciones establecieron allí sus cuarteles generales. Delta Airlines opera desde Atlanta miles de vuelos diarios a destinos nacionales e internacionales. Coca-Cola estableció en esta ciudad su sede principal, así como las compañías CNN, AT&T, UPS y muchas más eligieron Atlanta también por su segunda condición: la calidad de la fuerza laboral.

Tanto CNN como Coca-Cola ofrecen visitas guiadas a sus instalaciones, que resultan ilustrativas y muy entretenidas. Un recorrido por uno de los canales de televisión más emblemáticos del país puede resultar un descubrimiento de lo que ocurre tras cámaras, en un mundo cada vez más dominado por los medios de comunicación. Y conocer el origen e historia de una bebida que se ha posicionado en casi todo el planeta resultará muy atractivo.

Pero si de atractivos se trata, el Georgia Aquarium  es una creación sorprendente. Solo en agua tiene más de 10 millones de galones, sumando la salada y la dulce. Alberga a más de 100 mil animales de 500 diferentes especies. Los cuatro tiburones ballena, dos hembras y dos machos, son los más espectaculares. El acuario fue inaugurado en noviembre de 2005, pocos días después de que arribaran dos tiburones ballena en un inmenso avión especialmente adecuado, Ralph y Norton, los machos que fueron traídos desde Taiwán. En junio de 2006, les llegó compañía femenina, con el arribo de Alice y Trixie. Los científicos a cargo del acuario quieren hacer historia al intentar que esta especie conciba nuevos ejemplares en su cómodo cautiverio.

El tiburón ballena es el pez más grande de la Tierra. Vive en casi todos los mares ubicados en torno a la línea ecuatorial. Se alimenta principalmente de plancton, a través de un sistema de filtros, por donde circulan 6 mil litros de agua por hora, que ingresan en una boca de un ancho descomunal: 140 cm. Puede medir hasta catorce metros de largo y pesar 15 toneladas. Como en todos los tiburones, la hembra es más grande que el macho y da a luz a sus retoños de forma vivípara. Miden 60 centímetros al salir de su vientre, y nadan inmediatamente. Estos fantásticos animales son de movimientos lentos y, en estado natural, los buzos pueden aproximárseles sin peligro.

Comparten estas instalaciones otras especies que impresionan por su saludable y relajado aspecto. Los tiburones abarcan varias subespecies presentes, como el tiburón martillo, el cebra y uno muy extraño llamado tiburón wobbegong, que proviene de Australia; diversos tipos de rayas, pulpos y medusas, peces tropicales de variados colores y formas, peces de agua dulce, tanto de lagos y lagunas como de ríos; diversos mamíferos, como lobos de mar californianos, nutrias peleteras y pingüinos africanos.

Se incluye una amplia variedad de invertebrados, muchos de ellos adheridos a rocas y otros flotantes. En este espléndido acuario, las plantas submarinas son tan abundantes y bellas, que crean verdaderos jardines al ritmo de las aguas.

El acuario posee varios estanques que ofrecen a las distintas especies un ambiente específico, reproducciones de sus condiciones naturales de vida, tomando en cuenta la temperatura del agua, el grado de salinidad o su ausencia, su alimentación habitual y otros tantos factores, indispensables para una supervivencia saludable en cautiverio.

Existe un estanque para animales de aguas frías. Lo más espectacular en este, son las ballenas beluga, que provienen del Ártico. Son enteramente blancas y su sonrisa es tan sincera, que resulta gratificante observarlas nadar cerca de las caras de los visitantes.
También en este estanque se encuentra el pulpo gigante del Pacífico, un espectáculo de los fondos marinos pocas veces visible en su estado natural. Aquí, en este espacio ideal, se pasea con soltura y sin temor a depredadores. Dentro de esta sección, se pueden observar los únicos pingüinos -junto a los de Galápagos- que viven fuera de la Antártida. Estas pequeñas aves provienen de Sudáfrica. Entre las plantas se esconde una sorpresa: es el dragón marino, una especie de la familia de los caballitos de mar, pero de aguas frías.

Los mares tropicales están también muy bien representados en el Acuario de Atlanta.

El mundo de coral alberga formas de vida asombrosas: desde las sutiles medusas que flotan libremente, desplazándose por el fondo y entre rocas, donde también habitan diferentes especies de morenas y una multiplicidad de pequeños peces de colores, todos vibrantes y llamativos, que resulta imposible elegir al más bello. En torno a este estanque se puede disfrutar de una muy adecuada ambientación auditiva: el sonido de olas marinas.

Aunque la vida en el agua dulce sigue escondiendo varios misterios, por haber sido poco explorada, en este acuario se revelan criaturas de ríos, lagunas y lagos, provenientes de África, América del Sur y del Norte, y de Asia. A la entrada de este estanque aparece una cascada de aguas cristalinas. Una barrera de troncos en natural desorden le sigue, creando un vado muy similar a los que se observan en la Amazonía, formas que actúan para crear una ambientación muy bien lograda. Allí juguetean, con inocente gracia, las nutrias asiáticas, verdaderos peluches vivientes.  Más allá, otra ventana introduce al mundo subacuático de África y Sudamérica. Pirañas y varias especies de la familia de la tilapia comparten las aguas con el arapaima o paiche, el pez más grande de agua dulce, originario de la Amazonía.

Finalmente está el estanque más grande, llamado Ocean Voyager. En sus seis millones de galones, conviven más de 85 mil animales. Lo atraviesa un original túnel de vidrio de cerca de 30 metros de largo, que permite sumergirse bajo las aguas, ¡sin mojarse! Aquí viven peces de aguas templadas como el ya citado tiburón ballena y diversos tiburones que nadan sobre el túnel, permitiéndonos verlos desde ángulos inusuales.

Para la prevención y curación de animales acuáticos se creó un centro veterinario en el acuario. Cuenta con un laboratorio digital, que monitorea con ultrasonido, rayos X, endoscopía y otros medios especializados, a estos especiales pacientes. El control y tratamiento del agua es vital para mantener saludable a tan diversa población. También trabaja en esta unidad un nutricionista a tiempo completo, a fin de que cada especie reciba los alimentos que necesita para sobrevivir en un medio que busca reproducir las condiciones naturales.

Paradójicamente, Atlanta se ubica lejos del Atlántico, el océano más próximo: casi 400 kilómetros hasta Savannah, la mayor ciudad costera del estado de Georgia. Sin embargo, su relación con el mar se expresa en este extraordinario acuario.

La región fue habitada originalmente por tribus Creek y Cherokee, que, a la llegada de los europeos, fueron exterminadas o desplazadas hacia Oklahoma (en el mejor de los casos) para dar paso a los primeros colonos, que se establecieron allí en 1822. Su primera población tuvo el objetivo de crear una terminal para un ferrocarril que llegaría  desde el puerto de Savannah. Inicialmente, la ciudad llevó el nombre de Marthasville, aludiendo a la hija del gobernador de entonces. Finalmente adoptó el nombre de Atlanta, cuando fue oficialmente consagrada como ciudad, en 1846. Su nombre derivó de la denominación del océano del que provenía la línea férrea: el Atlántico. Y con este nombre la ciudad reafirma su directa relación con el mar.

Atlanta es una ciudad extraordinaria en más de un sentido. La visión de su línea de rascacielos sobre un fondo de abundantes bosques la consagra como una verdadera joya al sudeste de la América del Norte.

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© Shuttersock y Thinkstock

por Renato Ortega Luère