Feb 20

Budapest, a cada lado del Danubio

nm718_2_1425669247Un caudaloso río divide a la ciudad en dos partes, o en dos ciudades que el mismo río reúne. Es el Danubio. En una orilla está Buda y en la otra Pest. Ocho puentes entrelazan las dos partes tan claramente definidas, las comunican, y juntas forman una de las ciudades más singulares de Europa.

Originalmente llamada Buda por los celtas, que significa agua rica en su idioma, (no tiene ninguna relación con el creador del budismo), más tarde sería la capital de la provincia romana de Panonia inferior a la que llamaron Aquincum. Durante este período, los romanos construyeron un sistema de tuberías de cerámica para buena parte de su asentamiento en Óbuda (antigua Buda), conductos de agua termal bajo sus habitaciones a modo de calefacción y para sus baños diarios.

Bajo la tierra sobre la que se asienta la ciudad, aguas termales la recorren a través de interminables laberintos subterráneos llenos del líquido vital a altas temperaturas.

Todos los habitantes de la ciudad en el pasado y hasta hoy, han disfrutado de los reparadores baños calientes. Desde sus primeros ocupantes paleolíticos, las aguas termales atrajeron a pueblos de distintos orígenes a lo largo de una abundante historia de migraciones, ocupaciones y desplazamientos. Sucesivas invasiones, desde mongoles, turcos, germanos y rusos, dominaron temporalmente este territorio.

nm719-1425669341-0f50aac5897481e470c91b835f4107d0Buda es, desde 1361, la capital de un país llamado Hungría, asentado en la cuenca de los Cárpatos, en Europa Central. Sin embargo, el pueblo húngaro o magyar recién se estableció allí a partir del siglo IX, conducido por Árpád, su líder y, hasta hoy, un héroe nacional. Originalmente, un pueblo conformado por siete tribus que durante siglos habitaron los Montes Urales, los húngaros llegaron con cinco de sus siete tribus, desplazaron a los eslavos que allí vivían y desde entonces ocupan este territorio. La descendencia de Árpád mantuvo el trono durante cuatro siglos. Su más destacado descendiente, el quinto en la línea dinástica, fue el rey Esteban I, considerado hasta hoy como un santo, por ser el primer rey cristiano de Hungría. En su honor se levantó –durante 54 años– una basílica que lleva su nombre desde 1851, año en que se inició su construcción.

El idioma oficial de este país es el húngaro, posiblemente del grupo de lenguas uralo-altaicas, aunque su origen continúa siendo un misterio. De cualquier modo, un habla imposible de comprender para quien no tenga los mismos orígenes.

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nm7110_1425669386La historia de Budapest es de muchos cambios, convulsa y vibrante. Después de la dinastía iniciada por Árpád, se sucedieron alternativamente gobernantes francos, germanos, turco-otomanos (dominaron Hungría desde el siglo XIV al XV) y de la casa de los Habsburgo, durante la existencia del Imperio Austro-húngaro (1867-1918).

La capital de los húngaros es un festín en más de un sentido. Visualmente, es en verdad, esplendorosa, y su ubicación y sus edificios concuerdan con este adjetivo. Desde la altura de Buda se aprecia el Danubio en toda su magnitud, serpenteando silencioso por entre ambas partes de la ciudad. Abajo Pest, presenta su inmensa extensión. Destaca, inmediatamente, el volumen arquitectónico de su renombrado Parlamento (el tercero más grande del mundo), construido entre 1885 y 1904, junto al río Danubio. Alberga no solo el espacio para la legislatura húngara, sino también los despachos del Primer Ministro y del Presidente de la República. Con su estilo neogótico y su perfecta simetría, se lo distingue claramente desde Buda, desde el Bastión de los Pescadores (1902), una terraza de estilo neogótico, el lugar apropiado para abarcar con la vista casi la totalidad de la urbe.

Otro edificio de grandes proporciones, e ícono de la ciudad, es el Castillo de Buda. Su forma actual dista mucho del castillo original, construido sobre Óbuda, una prominente colina junto al Danubio. Ataques, asaltos y batallas en diversas épocas fueron cambiando su aspecto cada vez que lo reconstruyeron. La última destrucción ocurrió durante el Asedio o Sitio de Budapest tendido por el Ejército soviético a los nazis, entre los años 1944 y 1945.

En este inmenso castillo habitarían las cortes reales de Hungría desde 1241, año en que el rey Bela IV ordenó su construcción. Los turco-otomanos también lo ocuparon durante 160 años (1526-1686). Desde entonces, y con la creciente cristianización de los húngaros, se emprendió la construcción de la iglesia de Matías, que también recibió modificaciones hacia estilos arquitectónicos de cada época: el gótico y, más tarde, elementos renacentistas. Se la llamó así en honor a Matías Corvino, el rey “justo, bueno y sabio”, quien gobernó con especial atención en la justicia, por lo que es venerado hasta hoy.

Otro ícono imprescindible de Budapest es el Puente de las Cadenas, inaugurado en 1849. Fue el primero en unir ambas partes de la ciudad y, en rigor, se trata de un puente colgante, solo que los cables fueron sustituidos por cadenas, más precisamente, por eslabones rígidos. Dinamitado durante la ocupación nazi, su reinauguración
coincidió con la celebración de su primer centenario. El conde István Széchenyi lo concibió para no tener que repetir su experiencia de cruzar el Danubio congelado a bordo de su carruaje sobre el quebradizo hielo, evento en el que casi perdió la vida. Hasta el siglo pasado, el puente resultó a veces innecesario, cuando en los meses más fríos, y como desde hace siglos, los transeúntes podían cruzar de una parte de la ciudad a la otra, sobre la gruesa capa de hielo que cada invierno el río Danubio cubría… pero caminando.

Los baños termales de Budapest son únicos en Europa, por su concentración en un reducido territorio. Existen más de ochenta fuentes, todas en las cercanías del río. Se destaca el mayor de toda Europa: los baños Széchenyi (cuyo nombre también recuerda al conde István Széchenyi, principal promotor y financista de la construcción del Puente de las Cadenas, antes descrito). Estos baños sirven para curar específicas enfermedades del cuerpo humano y sus aguas surgen de dos fuentes a temperaturas de 74 y 77°C, respectivamente. Otros dos importantes baños son los de Rudas y Lukács, que, como todos los demás, se recomiendan para tratar diferentes dolencias, según la composición química de cada vertiente.

Si bien Buda contiene en su accidentada geografía los edificios más antiguos y representativos de la ciudad, Pest representa el desarrollo económico, comercial e industrial de la capital. Ubicada en una vasta planicie, algunas calles están bordeadas por antiguos edificios, otras por modernos. Su calle más destacada es Vaci Utca, una calle peatonal con los comercios más exclusivos de la ciudad, buenos restaurantes y cafeterías. Y la avenida más emblemática es la concurrida Andrássy, con sus imponentes palacios de fachadas renacentistas protegidos por la Unesco desde 2002, alberga almacenes de las más prestigiosas marcas europeas y refinados restaurantes. En su recorrido se encuentra el atractivo edificio de la Ópera de Budapest (1884), arte muy apreciado por sus habitantes. En un extremo de esta avenida, se extiende la amplia Plaza de los Héroes, que conmemora a las siete tribus húngaras originales. En un costado, el Museo de Bellas Artes (1906) posee una colección digna de visitarse.

nm7111-1-1425669416-57512d1eba0f64118091386439ba73b0Si hay algo por lo que los húngaros han tenido una muy buena reputación es por su pastelería. La más famosa es Gerbaud, con un numeroso despliegue de tartas y pasteles de altísima repostería. Pero no son los dulces la única especialidad de los húngaros: sus ancestrales embutidos, en especial sus salames ahumados, y su tradicional plato conocido como gulyás (gulash) o su sorprendente rodilla o codillo de cerdo, entre tantos otros, combinan muy bien con excelentes vinos producidos en Eger (el tinto Bikaver), y en la región norte del alargado Lago Balatón, así como con su más afamado vino blanco dulce, el Tokaji, que armoniza con el Libamáj, el exquisito hígado de ganso.

Budapest es una ciudad con gran identidad y su historia la refleja a todo lo largo de tan agitada existencia. Ha debido luchar para superar las múltiples interrupciones que tuvo que vivir, pero en el aire flota una perceptible certeza de que su continuidad está garantizada por el inmenso respaldo de su rico pasado.

por : Renato Ortega Luère