Feb 22

Carolina Sabino “Apuesto por la ilusión y los sueños”

Carolina es una mujer sencilla y alegre. Es madre de Tomás, que tiene 14 años. El amor le trajo a Ecuador y aquí espera retribuir el cariño que durante años y, a través de sus telenovelas, el público ecuatoriano le ha brindado. Hoy es presentadora de Vamos Mundo Magazine, programa de la radio FM Mundo. Para ella encontrar en el camino a Christian del Alcázar y a su equipo de trabajo ha sido, según sus palabras, un tesoro que cuidará con responsabilidad y cariño.  Para Carolina su nuevo espacio de trabajo está cargado de armonía, de seres buenos, con un sello único y de lo cual está agradecida. Durante la entrevista, su emoción y su voz se desbordaron de energía. Hace algunos años se vio involucrada en un problema legal por un accidente de tránsito del cual fue víctima, un suceso que le marcó la vida. Sin embargo, Carolina no ha dejado de sonreír, de cantar y amar. Su nuevo momento es aquí, junto a los ecuatorianos, y es algo que le trae de cabeza.

¿Qué significa para ti actuar y cantar?
Siento que uno nace con ciertas cosas, uno llega a esta Tierra con ciertos dones o talentos, y la vida y el destino indiscutiblemente te van llevando hacia ellos. Los siento como la sangre que tengo adentro, es como el motor de vida que más adelante se convierte en los hijos y en la familia. Pero esa fuerza interior se traduce en la pasión que siento por cantar, por estar vinculada a las artes.

¿Creciste en un ambiente artístico?
Mi abuela siempre tocó el timple, siempre fue una señora de casa, amaba la música y nunca tuvo una profesión más que la de criar a sus hijos, salvo que le gustaba ese instrumento y lo tocaba muy bien. Mi mamá canta y es actriz, mis hermanos cantan, son muy afinados, pero no se han dedicado a hacerlo profesionalmente. Mi primo, Jerau, que es un poquitín menor a mí, sí ha seguido los pasos. El arte está en el aire pero no son artistas profesionales.

¿Cómo te has desarrollado en el ámbito artístico?
Definitivamente cuando puedes ejercer lo que te gusta es una alegría, es como un sueño cumplido. Sin embargo, cuando eres una persona reconocida por tu trabajo vienen una cantidad de cosas que no son tan chéveres: la pérdida de la privacidad, todo el tema que gira alrededor de cómo te vistes, de qué peso tienes, de tus relaciones amorosas, los chismes, la mala onda de la gente, la envidia, todo estas cosas que se crean alrededor de estos falsos ídolos en los que nos convertimos los artistas… ¡Eso no me gusta! Y a veces ha sido doloroso.

¿Cómo has manejado la fama? Colombia tiene una industria musical y televisiva mucho más desarrollada y con ello se crean también entornos alrededor de los famosos…
Siempre digo que uno trabaja para la gente y el alimento del artista es que lo aplaudan. Por ejemplo, cuando te dicen en la calle: Carolina vi su novela, tengo su disco, gracias por ser parte de mi vida, o mire con esta canción nos enamoramos con mi pareja… eso es tan bonito y lo agradezco. A través de las redes sociales trato de manejarme con honestidad y  demostrar lo que soy como ser humano. Sin embargo, el amarillismo y todo este producto alrededor de la carrera artística me ha parecido doloroso, siempre he defendido que tenemos que ser como somos, defiendo que cuando haces un personaje debes tratar de que la gente logre identificarse con él, que la gente logre llegar al corazón de ese ser que tú estás interpretando en la televisión y que la gente pueda decir a mí me pasó, me siento igual, me pasa lo mismo… Afuera no tienes por qué ser ese estereotipo o un prototipo de extensiones y cuerpos perfectos, bronceados y abdomen marcado.

¿Alguien te ha reclamado por tu imagen?
Sí, me han dicho que soy mejor en la televisión, pero también me han dicho lo contrario…

¿Y cómo reaccionas ante eso?
Hace parte de todo. Si hay algo que realmente me preocupa en la vida es ser un mejor ser humano, sobre eso me construyo a diario. Trato de reconocerme todo el tiempo, de ver mis actitudes con la gente, de retarme a saber hasta dónde soy capaz de llegar. Hay gente que dice que soy muy bonita, que tengo lindos ojos y etc., pero somos personas públicas y estamos prestas a que nos arreglen los dientes y nos pongan cositas en la cara, y que nos den masajitos, pero ¡juego! no es una obsesión, porque si desvías la atención a estas cosas superficiales, cuando te das la vuelta tienes 40, 50 o 60 años ¡eso se va tarde o temprano! Y en la medida que te construyes mejor por dentro, esa lozanía y esa sanidad externa se notarán más. Mientras que si me quedo en lo que dice la gente  (si estoy fea, gorda, bonita), lo otro pasa a segundo plano y es  al revés.

¿En qué momento te encuentras?
Es un momento de reinvención. Venir de Colombia a Ecuador no fue nada fácil, pero siento que en mi país he hecho ya muchas cosas –no digo que no regresaré nunca a trabajar allá ni que no quiero volver- pero llegué a un punto de la vida en que necesitaba un cambio. Me sentía un poco estancada en la falta de retos, a pesar de pertenecer a una compañía de teatro musical que me exigía el 200 % de mi talento, de mi estado físico, de mi estado mental, con la que hicimos cuatro producciones con muchísimo éxito, pero venía un poco de lo mismo y de lo mismo… y me pregunté ¿cuánto tiempo más? Acababa de terminar una teleserie sobre la vida de Celia Cruz, en donde tuve que representar a la primera cantante de la Sonora Mantancera y que va a presentarse en Mundo Fox, pero dije ¡alto!, qué pasa con Carolina, estoy a dos años de cumplir 40… Quiero apostar por el amor, quiero apostar por un lugar distinto, quiero conocer otras cosas. ¿Qué pasaría si soy un poco más ama de casa? Si de pronto aparece otra rama de mi trabajo. Creo mucho en pedirle al universo y visualizar cosas. Me reencontré con mi novio, nos conocimos hace muchos años, siempre fue un amor inconcluso, y de pronto nos encontramos en este momento de la vida, en el que ambos buscamos asentarnos, fue como una amalgama perfecta.

© Boris Andrade

© Boris Andrade

Todo se despejó…
Sí, luego me llegó lo de la radio y esto ha sido como un sueño para mí.  El reto de comunicar y de tocar corazones a través de un micrófono ¡es una delicia! En Colombia me decían siempre que debería trabajar en radio por mi voz y nunca pude. Yo creía que no debía trabajar en radio porque era una cantante que necesitaba de ella para que sonaran sus temas, entonces, no podía ser una locutora. Pero de repente ¡wow! la vida así como me ha dado palo siempre me da regalos, porque he vivido momentos muy duros, pero siempre me tiene recompensas, estoy recibiendo de la vida muchos regalos y he hecho la tarea de comprender que me los merezco. Es como un paso más luego de un tiempo difícil que logré sacar adelante, es como una maceta nueva en donde debo seguir sembrando.

¿Cuál es tu filosofía de vida?
Siempre he creído en la felicidad inmediata. Yo siento que en la medida en que tú internamente logres apreciar los momentos de felicidad te proyectas y los caminos se abren, y en esa medida, puedes sortear los caminos que se cierran. Eso aprendí de mi mamá y de los momentos duros que tuvimos que afrontar con ella y mis hermanos, ella siempre tenía una sonrisa en la boca. Siempre veíamos el lado bueno de las cosas, no nos quedábamos en lo malo, en el error, en el problema, en la equivocación, en el dolor. Cuando era jovencita pensaba que me tragaba el mundo pero sin hacerle daño a nadie, porque siempre he sido una mujer que tiene una sonrisa, una buena palabra, que no es chismosa, que no está metida en rollos, que no es desleal; esos valores los tengo muy arraigados desde que soy una niña. Soy todavía irreverente pero superclara, he crecido, tengo un hijo que educar y a quien mostrar la vida. Soy la misma Carolina procurando ser mejor.

¿Qué quieres hacer en el futuro?
A mí me asusta esa palabrita. Apuesto más por la ilusión, por los sueños, porque cuando se cumplen dan doble emoción.  Existe la capacidad de sorpresa, que es algo que no quiero perder; por ende, no creo en las predicciones del futuro ni creo en proyecciones demasiado ambiciosas o lejanas. Pienso que el futuro es este minuto que viene, es este momento en el que tú y yo conversamos y que ya está pasando, así que me parece más sensato vivir  el presente y disfrutármelo al máximo, estar en este instante creando, conociendo, sorprendiéndome, disfrutando. El futuro es ajeno.

Ahora, si me preguntas de sueños: quiero felicidad, quiero felicidad para la gente que me rodea, para la gente que amo, quiero trabajar, vivir muchos años. Me sueño viejita –debo ser insoportable-, pero quiero verme viejita. Quiero ver el mar y los libros que son una pasión para mí, y a mi pareja a mi lado. En este momento no concibo mi vida sin este hombre, siento que llegó la persona que estaba soñando siempre, no lo proyecto, pero sueño muchos años a su lado, no descarto la posibilidad de tener otro hijo, sueño con la posibilidad de tener una hija (si me lo garantizaran ya estuviera embarazada) (risas).

Le prometí a mi hijo que íbamos a conocer el mundo, aunque detesto los aviones, pero me encanta viajar, entonces sueño con tener la posibilidad económica, el tiempo, la salud y las ganas de conocer muchas partes del mundo. Mientras hablo te darás cuenta de que me convierto en esa niñita de 5, 6, 7 años que siempre habita en mí, que sale todos los días a jugar por ahí y que no quiero perder. La trabajo y la conservo, porque me ilusiona la vida, me apasiona. Todo es grande y lleno de lucecitas y florecitas.

Voy a hacer una pregunta cliché, pero que a veces es difícil responder. ¿Qué es el amor para ti? 
Saber que en esta vida tienes con quién darte la mano y caminar. Cuando tú puedes tomar la mano de tu hijo y avanzar un paso, cuando tienes a tu pareja y avanzas un paso, cuando tienes a tu madre y a tus amigos… ese contacto es amor. Es esa conexión irrompible que tienes con ciertas personas que te lleva a avanzar, por eso creo que todas las personas que pasan por la vida de uno pasan por algo y para algo.

En este tiempo corto que te he conocido te he escuchado hablar de tus amigos. Cuando preparaba tu entrevista conocí un poco más de tu vida,  y ahora entiendo por qué hablas siempre de la amistad… Entonces, ¿qué son tus amigos en tu vida?
No tengo muchos amigos, son muy contados, pero son entrañables. Va a sonar muy cliché, pero mi mamá es una gran amiga mía, mis hermanos son mis grandes amigos. Hemos construido alrededor de esta relación obligatoria una amistad y hemos aprendido a entendernos como somos. Luego, están mis amigas del colegio que nos conocemos desde los 8 años y todavía estamos ahí, cada una en sus cosas, pero el amor está intacto. También, la vida te va presentando personajes que se quedan en tu corazón y que se llevan un poco del tuyo, es como si se intercambiara un poquito el corazón de cada uno, entonces yo tengo el de ellos y ellos tienen el mío, y son personas que han estado en los mejores momentos y en los peores también. Los considero mis amigos en mayúsculas, uno es Andrés Cepeda, otro Augusto Tamayo, Yadis Donado, que es la nana de mi hijo. Están también mis amigos de la Jácara Mojinganga, de mi compañía de teatro, que son personas que no las mueve nadie. Soy amiga de Andrés desde que tiene 19 años. Admiro su trabajo y soy su fan, y cuando me invita a cantar en sus conciertos me da una emoción gigante. En ese momento difícil que pasé dejó todo lo que tenía que hacer y me dijo: “Loca, usted está en un rollo y vine a cantarle”. Hay detalles en la vida que nunca se olvidan y hay agarraditas de mano que son imborrables y eternas.

© Boris Andrade

© Boris Andrade

¿Y tu hijo?
¡¡¡Ah no!!!! Tomás Duque Sabino son palabras mayores. Tomás es entender realmente qué hago en este planeta. Él me da todas las razones, él me responde todas mis preguntas, es el bálsamo para el alma, es el motor de vida, es la razón de la gran mayoría de mis sonrisas. Si él no existiera creo que mis ojos no brillarían tanto. Él es el regalo más grande que he recibido, es mi maestro, es mi aprendizaje constante, es mi pedacito, es una inyección de vida.

¿Y Colombia?
Mi tierrita, la amo. Los colombianos somos muy patriotas y nos duele el país, la violencia y todo lo que pasa, y se extraña un montón cuando se está afuera. Siento nostalgia, no porque tenga que buscar algo allá, pero siempre hay una añoranza. Colombia es un agradecimiento constante, es lo que me dio muchos triunfos. Representar a mi país ha sido mi mayor orgullo y adonde voy llevo su nombre con todo el amor y la honra.

Cuéntame de tu trayectoria…
Novelas, perdí la cuenta de cuántas he hecho, hice muchas novelas y teleseries solamente colombianas y una en Perú en el año 2000.

Pero estuviste en el auge de la novela colombiana en Latinoamérica…
Sí, hice novelas muy conocidas aquí en el Ecuador y en muchos otros países del mundo. Las Juanas es una de las más recordadas, además porque yo canté toda la banda sonora de la novela, hice muchos conciertos: vine a Quito, a Guayaquil, a Manta… En 2004 gané el premio India Catalina a Mejor Actriz Protagónica por El precio del silencio. En 1999 gané en Viña del Mar, lo que fue algo muy chistoso porque no quería ir. Había grabado tres discos de Las Juanas, y cuando estaba en producción del cuarto me llamaron a participar en Viña del Mar. Yo tenía 20 años, era irreverente y reclamé porque pensaba que nadie debía juzgarme si canto bien o no, pero insistieron en que la indicada era yo, y acepté a regañadientes. Me fui con una maleta chiquita, lista para que me descalificaran y regresé premiada. En ese entonces solo había dos premios y me los traje ambos: Mejor cantante y Mejor intérprete, me traje el premio de la prensa, me traje la ovación del público de pie de la Quinta Vergara, me traje la conversación con Ricardo Montaner de toda su trayectoria –muy amoroso-, me traje el beso de Carlos Ponce, el abrazo de Ricardo Arjona y un montón de cosas… Esa maleta rebosaba de bonitos sentimientos y sensaciones, y fue una lección maravillosa de vida. Con ese dinero ayudé a mis coterráneos que en ese momento pasaban por una tragedia: en el eje cafetero hubo un terremoto devastador y todo ese premio lo doné sin cámaras, sin fotografías, con el conocimiento del Presidente del a República, Andrés Pastrana, quien me ayudó a gestionar mi viaje. De hecho, dejé una de las gaviotas en el Palacio de Nariño –que espero todavía esté ahí- y la otra la tengo en  mi casa. Luego de eso, a los dos meses quedé embarazada de Tomás y creo que fue un momento muy especial. Más allá del premio, creo que la experiencia fue muy importante en mi vida, fue un peldaño más.

¿Te gusta el teatro más que la televisión?
El teatro es lo más delicioso que hay, si es musical mucho más. Me atrevo a decir que es casi egoísta, porque brinda una respuesta inmediata. La televisión te da la construcción de un personaje, recibes el libreto, te emocionas por lo que va a pasar con tu personaje, ves cómo va evolucionando, cómo va a concluir… es un trabajo mucho más íntimo. Para mí, eso de subirse a las tablas esta noche y saber que esa función pasó y no se repetirá, que después de eso no hay nada es algo mágico. Los actores sabemos que la repetición es lo que te hace cada vez mejor. En el teatro, puntualmente, noche a noche haces lo mismo, pero la obra nunca sale igual.

¿Qué esperas del Ecuador?
Desde que hice Las Juanas, y a lo largo de todas las novelas que se han visto aquí, el Ecuador me ha dado demasiadas cosas. Estoy acá profesionalmente para agradecer todo lo que me dieron hace algunos años, y para devolver, de cuerpo presente, ese cariño que siempre recibí. Vine a construir mi familia, a construirme como persona. Quiero que me dé tardes como esta, que se me despejen los volcanes, visitar la playa, la Sierra, subirme en un escenario (estoy planeando eso). Llevo tan solo dos meses acá y recibo como que estuviera ya años, tanto amor, tanta verdad, porque no siento nada grosero ni deshonesto, la gente ha sido muy amorosa conmigo y espero que sea una relación recíproca, que lo que tengo para dar sea bien recibido y que todos los días de mi vida pueda recibir las cosas bonitas de ustedes.

por Pamela Cevallos H.