Feb 22

Detrás de los perfumes

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Si bien verse bien es importante, oler bien es esencial. El aroma es, sin duda, el mayor atractivo que una persona pueda tener, ya que genera identidad, y evoca recuerdos y sensaciones. Como un accesorio ‘invisible’, el perfume imprime olor a la personalidad, convirtiéndose en un complemento perfecto.

Esto ha llevado a la evolución de una industria millonaria que mueve alrededor de 31 mil millones de dólares anuales y opera en función de crear fragancias cada vez más originales, exóticas y exclusivas, convirtiendo al negocio de la perfumería en un verdadero arte.

De origen milenario, los aromas y su uso han sido de gran interés para la humanidad. Las civilizaciones ancestrales quemaban plantas aromáticas como ofrendas para agradar a sus dioses, los egipcios utilizaban perfumes artesanales para momificar cadáveres de la realeza y con fines estéticos, mientras que los griegos popularizaron el uso de esencias en las termas públicas, costumbre que también fue adoptada por los romanos. En Oriente Medio, las fragancias eran un símbolo de prestigio y lujo entre las clases sociales altas, al tiempo que los árabes descubrían la destilación para conservar los olores por largo tiempo.

Sin embargo, fueron los franceses de finales del siglo XIX los encargados de difundir el uso del perfume como un accesorio personal, cuando se inició en París la producción de sustancias aromáticas por medio de síntesis química. A partir de este punto empieza su elaboración masiva.

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El proceso
Los perfumes son mezclas de sustancias odoríficas de origen natural (aceites esenciales) o sintéticos (productos orgánicos) con un disolvente (alcohol etílico en la mayoría de los casos) y un fijador (bálsamos, como el ámbar gris que se forma en el intestino de los cachalotes o las secreciones glandulares de algunos animales, como el almizcle), cuyo resultado es una composición tan agradable al olfato que es capaz de transformar el acto de respirar en un placer.

Las esencias utilizadas en la fabricación de los perfumes se clasifican en seis grandes grupos: cítrico, flores, helechos, maderas orientales, maderas y cueros. Cada una proyecta un aroma totalmente diferente. “Pero la idea no es mezclar aromas afines al azar en una probeta para conseguir algo que huela bien, sino combinarlos en las proporciones adecuadas teniendo en cuenta que ciertas esencias no son compatibles con otras, y que se pueden alterar las propiedades de ambas en la mezcla”, explica el blog ABC.es

Muchas de las esencias que forman la base de un perfume son producidas en los laboratorios, aunque las marcas más exclusivas siguen utilizando flores y plantas que almacenan gran número de sustancias aromáticas en hojas, tallos, frutos, cortezas, troncos, raíces o semillas. “Pueden ser necesarias entre dos y cuatro toneladas de jazmines o rosas, por ejemplo, para obtener un kilo  absoluto de dicha flor”. De ahí que la utilización de productos naturales eleve los precios que pueden llegar a alcanzar ciertas fragancias de renombre como Channel. En tanto, los productos sintéticos se producen mediante reacciones químicas para reproducir aromas naturales.

Los procesos de fabricación de las fragancias han evolucionado notablemente desde que los alquimistas árabes descubrieron la destilación y, actualmente, los adelantos científicos y tecnológicos han permitido realizar fórmulas cada vez más complejas.

Existen varios procedimientos para la fabricación de perfumes; sin embargo, los más comunes son la destilación, expresión, extracción o enfleurage, y la maceración. Cualquiera que sea el método, debe pasar por rigurosos controles de calidad para garantizar la exquisitez del producto.

Aparte de las grandes y tradicionales casas fabricantes de perfumes, actualmente vienen incursionando en el mercado empresas con una novedosa modalidad: dar a sus clientes la oportunidad de crear su propia fragancia. Basta con escoger las esencias, combinarlas y mezclarlas con alcohol, para un perfume totalmente personalizado.

Otras tiendas ofrecen aparte del perfume una amplia gama de productos para personalizar: crema de cuerpo y manos, gel de baño, splash, desodorante.

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Tipos de fragancias
Las fragancias adoptan diferentes nombres, dependiendo del grado de concentración y composición de la esencia: colonia o cologne (2 % y 4 %), agua de colonia o eau de cologne (5 % y 12 %), el agua de perfume o eau de parfum (13 % y 20 %) y perfume o parfum con 21-40 % de esencia. “La duración e intensidad del aroma en el cuerpo, así como el precio de cada uno, también están determinados por la concentración tanto de la materia prima como del alcohol”, destaca el blog primeriti.es.

El perfume, por ejemplo, puede prolongarse hasta ocho horas. Los entendidos recomiendan aplicarlo directamente a la piel, pero usarlo en pocas cantidades, “ya que no debemos confundir oler bien a remojarse en perfume”. El eau de parfum tiene una duración de alrededor de seis horas y debe aplicarse en mayores cantidades. Con una fragancia muy refrescante, el eau de cologne dura apenas tres horas, por lo que requiere varias aplicaciones.

Sin embargo, un factor que se debe tomar en cuenta es que al entrar en contacto con la piel, las fragancias en general originan una respuesta diferente en cada cuerpo. Debido a esto, las esencias en hombres y mujeres huelen con más o menos intensidad y perduran de forma distinta en cada persona.

“La onda aromática se transforma según el pH de cada personaje. Para saber si alguna fórmula te funciona debes probarla en el dorso de la muñeca y esperar al menos 20 minutos para descubrir la verdadera concentración de la fragancia y ver cómo se manifiesta en tu piel”, aconseja Kay Schnoor, reconocido perfumista.

Consejos para aplicar
¿Cómo escoger el perfume adecuado? ¿Cuál es la mejor forma de aplicárselo? ¿Qué hacer para aprovechar al máximo su aroma? Las respuestas para estas y otras tantas interrogantes abundan en la red y en los libros de moda y belleza.

A la hora de adquirir un perfume, la importancia de escoger la fragancia apropiada es monumental, ya que el aroma revela mucho de la personalidad y puede ser clave para generar una buena primera impresión. No es algo que se pueda dejar al azar. De ahí que los entendidos recomiendan experimentar varias fragancias hasta encontrar el aroma que verdaderamente identifique a la persona.

Escoger y acertar la fragancia indicada es un arte. Hay quienes son fieles a una fragancia toda la vida, mientras otros cambian según la temporada, la actividad que realicen, la ocasión o cada vez que alguna celebridad lanza al mercado una nueva. En todo caso, lo importante es conocer las características de cada uno de los tipos de fragancia –florales, cítricas, amaderadas, dulces, orientales- y utilizarlas conforme a esto.

No hay perfume que huela igual en dos personas, afirma el portal www.imujer.com. De tal forma que “si amas cómo huele un perfume en alguien, no significa que olerá igual en ti”.

Por otro lado, el mejor momento para aplicarse el perfume es justo después del baño, cuando el vapor ha abierto los poros. Mientras más hidratada esté la piel más tiempo durará el perfume. Escoger una fórmula aceitosa sobre una hecha a base de agua indudablemente marcará la diferencia, pero siempre tomando en cuenta que en cualquier situación el aroma tiene que ser sutil y no recargado.

Usar frascos con atomizador es lo más recomendable, pues la atomización finísima de las partículas de perfume penetra en la piel. Se debe utilizar el atomizador lo más cerca posible del área que se va a perfumar, con el fin que no se desperdicie el producto durante su aplicación al escaparse en el aire, señala www.trucos-hogar.com.

“Aplícalo en otros lugares. Además de las muñecas y el cuello, colócalo en tus tobillos, y detrás de las rodillas. De esta manera, la fragancia subirá por el flujo sanguíneo y se esparcirá por todo tu cuerpo”, sugiere www.cosmoenespanol.com. “Recuerda nunca frotar la fragancia”, añade.

Para preservar la vida útil del perfume como tal, que va desde los dos a cinco años, se aconseja almacenar los frascos en lugares frescos, mantenerlos bien tapados y evitar la exposición al sol. El clóset puede ser el lugar ideal.

Si bien rociar el perfume en la ropa contribuye a la prolongación del aroma, las fragancias de alta concentración pueden manchar las prendas.

Finalmente, la regla de oro para el uso de los perfumes es nunca comprar fragancias baratas. Cuando se trata de perfumes, existe una estrecha relación entre el precio y la calidad.

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por Valeria Barragán G.