May 17
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EIFFEL EN PARÍS

Por: Renato Ortega Luére

LA GRAN ESTRUCTURA DE HIERRO SE HA CONVERTIDO EN EL GRAN SÍMBOLO DE PARÍS Y, PARA MUCHOS, UN EMBLEMA ROMÁNTICO DE LA CIUDAD DE LA LUZ.

Su abuelo, de origen alemán, con un apellido tan germano como Bönickhausen, nacido a mediados del siglo XVIII en la región de Eifel (Alemania), se trasladó a París, donde su familia prosperó y tuvo descendencia francesa. Su nieto Gustave nació y fue inscrito en la ciudad de Dijon en 1832, con el apellido Bonickhausen dit Eiffel. Fue recién en 1880, a sus 48 años, cuando —al ser su apellido impronunciable para los franceses— adoptó el nombre con que es conocido hasta hoy: Gustave Eiffel, el ingeniero civil francés cuya fama rebasó las fronteras de su país y del tiempo.

Y fue ese nombre el que adoptó también su obra más conocida: la Torre Eiffel. Aunque comenzó diseñando y construyendo puentes para empresas de ferrocarriles (su más notable contribución fue el viaducto sobre el río Duero, en Oporto, Portugal y su posterior gemelo, el viaducto de Garabit, sobre el río Truyère, de 1884, ambos de audaces 165 metros de luz), el estudio de ingeniería Eiffel et Cie. ganó, de entre 107 propuestas, un proyecto destinado a enaltecer la Exposición Universal de París en 1889, que conmemoraba los 100 años de la Revolución Francesa. Fue entonces cuando Gustave Eiffel le encargó la concepción de la estructura a sus colaboradores Maurice Koechlin y Emile Nouguier, y la arquitectura a Stephen Sauvestre, quienes luego de concluir su meticulosa planificación y entregarle a Eiffel sus resultados, quedaron hasta hoy en el anonimato, a pesar de haber suscrito entonces un contrato de cesión de derechos a Eiffel, donde, entre varias cláusulas, este se comprometía a mencionarlos cada vez que hablara sobre la torre.

Estos dos ingenieros y el arquitecto proyectaron una estructura metálica de 300 metros de altura, el edificio más alto del mundo en esa época (hasta que, en 1922, el Empire State de Nueva York la superó). La torre se levantó sobre una base cuadrada de 125 metros por lado, en cuyos ángulos se incrustaron los cuatro soportes de arranque. Cuatro arcos de gran tamaño y elegancia sostienen los diferentes pisos, y los espacios entre los metales de la estructura favorecen su estabilidad, al permitir el paso de la fuerza del viento.

Iniciada en 1887, su montaje demoró dos años, dos meses y cinco días (180 años menos de lo que tardó la construcción de la Catedral de Notre Dame) y demandó 6.900 toneladas de hierro. La estructura fue concebida inicialmente con carácter temporal, por lo que se previó su posterior desmantelamiento. Sin embargo, se mantuvo hasta hoy en el Campo de Marte, cerca de la orilla izquierda del río Sena, para convertirse en el ícono más representativo de París.

Pero hubo detractores: la reacción inicial de intelectuales como Zola y Garnier fue de rechazo total, expresado en una carta donde la describían como “una torre vertiginosa y ridícula que domina París, como una gigantesca y oscura chimenea de fábrica”. El escritor Guy de Maupassant no escribió nada, pero abandonó la ciudad, indignado.

Pasado el tiempo, debieron retractarse y escribieron otra carta donde la alababan: “por lo fantástico que deleita nuestra pequeñez. Bien plantada sobre sus piernas arqueadas, sólida, enorme, monstruosa, brutal, se diría que, despreciando silbidos y aplausos, trata de buscar y desafiar al cielo, sin importarle lo que se mueva a sus pies”.

Su carrera profesional había llegado a la cúspide por la torre que ahora llevaba su nombre. De hecho, fue la última de sus obras. Le antecedió una fama ganada por sus más notables proyectos realizados en Europa: la Estación de Pest en Hungría, la cúpula del Observatorio de Niza y, finalmente, la Torre Eiffel en 1889.

A pesar de haber alcanzado mucho prestigio en Europa por la construcción de puentes, viaductos y tantas obras, el empresario Gustave Eiffel no se conformó con situar su trabajo en su continente, sino que lo extendió a las Américas. Son muchas las obras estructurales que se construyeron con base en los planos de Eiffel et Cie. La ingeniosa estructura interna de la Estatua de la Libertad, en Nueva York, fue resuelta por Maurice Koechlin también, y la escultura terminada —concebida por el arquitecto Barthordi— fue obsequiada por el gobierno francés al de Estados Unidos e inaugurada en 1886.

En Sudamérica, son muchos los proyectos de Eiffel. El más cercano está en la ciudad de Guayaquil: el Mercado Sur de 1907, hoy llamado Palacio de Cristal, construido junto al río y cuya estructura fue diseñada por los ingenieros Francisco Manrique y Carlos Van Ishot, representantes de Gustave Eiffel. En Venezuela, el puente colgante Libertadores en el Táchira; en el actual Perú, la Catedral de Tacna; y en Chile, la Catedral de San Marcos en Arica. En la ciudad de Orizaba, Veracruz, México, el Palacio de Hierro, que más tarde proyectó con ese mismo nombre en la Ciudad de México para unos almacenes que se incendiaron en 1914.

Muchas obras se le atribuyeron sin comprobación histórica, como la Estación Central del Ferrocarril en Santiago de Chile (que resultó ser de Schneider, su principal competidor). Y la lista de suposiciones se extiende a Bolivia, otras más en Perú y Venezuela.

Y finalmente, protagonizó un bochornoso negocio, que cerró su vida empresarial: las esclusas del Canal de Panamá. Luego de este escándalo de corrupción del que salió libre, su carrera tomó otro rumbo: el de la meteorología y la aerodinámica.

A los 91 años, un hombre de afinado olfato empresarial, que trascendería por sus obras y su determinación visionaria, que asumió a plenitud la era industrial, terminó sus días en su mansión de la Rue Rabelais de París, con la certeza de haber contribuido a la humanidad con su trabajo.