Feb 20

Gabriel Espinosa de los Monteros: amor a la italiana

Entrevistar a Gabriel Espinosa de los Monteros podría ser eterno por la cantidad de anécdotas, experiencia en medios de comunicación y por el extenso conocimiento cinematográfico y musical que tiene. El momento que compartimos en el restaurante Pavarotti resultó muy corto, y quienes estuvimos presentes nos quedamos con las ganas de seguir tan exquisita tertulia.

A la charla se unió Christian Walter, el chef del restaurante, lo que amenizó mucho más la conversación. El amor por Italia, su cultura y gastronomía relucieron durante toda la charla, pues a Gabriel le apasiona ese país.

Esta entrevista gastronómica empezó hablando sobre los chefs, sobre una cualidad que la mayoría de ellos comparte que es su sensibilidad. Gabriel piensa que los chefs y los músicos siempre están gratos consigo mismo y con la vida. Piensa que así como los músicos al componer y crear plasman lo que llevan adentro, el chef lo hace al crear un plato, a través de su capacidad de inventiva, de combinaciones, mezclas, maridajes, etc. “Es gente que está solo feliz, así parece al menos”, comenta.

Entonces, hice la primera pregunta enfocada en lo que le ha marcado su vida: la música.

¿Gabriel, cómo entró al mundo de la música?
Yo no entré al mundo de la música, la música se metió en mí. Eso ocurre cuando eres parte de una familia que ama y siente la música. A mi madre le encantaba cantar. Mi papá tocaba la guitarra y cantaba muy bien. Si naces en un ambiente así, por una situación natural la música viene a ti. No fui yo quien llegó a la música, la música entró en mí y desde ahí le tengo conmigo para siempre.

¿Es periodista?
No, estoy vinculado a los medios desde mi actividad de productor. Siempre hice producción de radio y televisión y, desde luego, la conducción y la locución que es una parte complementaria. Nunca me interesó el periodismo y ese era un motivo de conversación permanente con mi papá porque mi hermano (Alfonso) y yo entramos en los medios, pero uno y otro con sus intereses particularmente definidos. A mí la música me convenció siempre y me fui alineando con ella; con la producción en radio primero, y en televisión después. Mi hermano estaba hecho para  lo noticioso, para el periodismo.

¿Toca algún instrumento?
No, y eso me avergüenza mucho. Tengo un requinto, una guitarra y un piano. Pero, lamentablemente, no he logrado tocar bien y siempre me culpo y me lo reprocho, porque me gusta muchísimo, tengo la capacidad, tengo el oído, pero no me dediqué como debí hacerlo. Cantar sí,  fregamos la vida cantando un poquito, si no es en la ducha es en alguna reunión social (sonríe).

¿Cuántos años lleva haciendo radio?
¡Todos! Digo todos porque empecé muy jovencito en la radio, pues mi padre hacía radio también por afición, por amar la música y la poesía (un hombre especial), y nosotros fuimos acercándonos a eso desde muy jóvenes. A los 15 años, al llegar a vivir a Guayaquil, saliendo de Ibarra, ya me involucré en la radio. Guayaquil tenía muchas opciones de hacer lo que yo había decido hacer, y le pedí a mi padre que me permita entrar a la cabina y a organizarme con mis horarios. Así que empecé a involucrarme con la tarea de operación. Fui operador de un programa que mi padre producía en vivo, los domingos, que se llamaba ‘Álbum musical ecuatoriano’. Me encargó al ‘Cuate’ Moreira para que me enseñara, pero él se dio cuenta que yo ya sabía todo. Llevo 50 años en la radio,.

¿Cómo define a la radio?
De los medios de comunicación, la radio es la mejor porque tiene características que no tienen otros medios. Es un elemento vivo, humano, directo. Cuando estás en radio eres como eres y te involucras con una forma especial de comunicación y de vivencia, imbuida en un mundo mágico. También depende de lo que uno hace, produce o crea, pero, en general, la radio es el medio más grato que todos los que existen, incluyendo el teléfono.

Llega el primer plato, una Burrata artesanal que tiene prosciutto, pimientos morrones marinados y asados, corazones de alcachofa al vinagre y aceite de oliva, y es cuando Gabriel se declara como un amante de Italia y también de las aceitunas…

nm70-armado-fotos18-3-1423263247-e618ef58cebcdeaf9ef3863080bbcf69¿Por qué ese acercamiento con Italia?
Creo que se debe a momentos de mi infancia, pues mi madre nos leía libros de historia, y entre esas lecturas estaba el Imperio Romano. Luego, de joven, pude ver grandes producciones que mostraban Italia, esa Italia de siempre, esa Italia histórica, de leyenda y la actual. Después me encontré con la música italiana que me apasiona; me gusta el idioma, su forma de expresión, me encanta el tipo de las mujeres italianas, que es muy especial y, por supuesto, está la gastronomía, me gusta su comida, el vino italiano y la forma de ser de la gente italiana. Por ahí empezó todo.

De inmediato, Gabriel empieza a contar una anécdota que le puso entre ceja y ceja conocer Italia. Tanto había soñado en conocerla, que el momento en que iba a ingresar al país por tren, luego de un viaje por Europa por asuntos de trabajo, no le fue permitida su entrada porque ese día habían secuestrado al Primer Ministro de ese país, lo que había provocado disturbios internos, limitando el ingreso de extranjeros por las fronteras. Con gran indignación Gabriel tuvo que regresar a Ecuador sin cumplir su sueño… Años después regresó a Italia y, según sus propias palabras, se sintió dichoso cuando aterrizó. Aquella ocasión recorrió desde Milán hasta Nápoles.

¿Su comida favorita?
Como buen chagra –ibarreño— mi comida siempre estuvo ligada a la comida de la Sierra porque así te educaban, y crecías… comías lo que daba la chacra: papita chaucha, los granos, los frutos de huerta (moras, manzana, guaba), el maíz, el queso, la arverja… Así era la alimentación… un buen locro, un arroz de cebada… una alimentación con gran variedad de sopas, coladas o lo que ahora se llaman cremas…

¿Algo que le guste más?
El locro, el arroz de cebada, la sopa de morocho con pedacitos de chicharrón, y los llapingachos con aguacate. Todo con un buen ají. Pero apareció también la pasta en mi infancia y nunca faltaba el cabello de ángel, el tallarín, el minestrone con el fideo apropiado. Las mamás hacían tallarín de emergencia o cuando no querían cocinar —tengo esa impresión—, y ya le ponían el toque italiano que es el queso parmesano.

¿Le gusta cocinar?
Lamentablemente no. Y me apena decirlo frente a un chef de tanto prestigio y de una dama que de esto sabe tan bien (risas)… Pero siempre fui malo en la cocina.

Christian, el chef de Pavarotti, alienta a Gabriel en su respuesta, justificando que el poco gusto de la gente por la cocina, en ciertas generaciones, se debe a que antes se hacían platos muy laboriosos. Argumenta que las mujeres ecuatorianas contemporáneas rechazan la cocina porque vieron a sus madres preparar platos muy elaborados y pasar horas cocinando, pero que no siempre es así, cree que hay comida muy versátil y sencilla que se puede preparar y, claro, la italiana es la mejor opción.

Gabriel recuerda que las madres no permitían hacer nada a los hombres o a los hijos en general, pues tenían un “séquito de asistencia” que las ayudaban, y a los demás “nos mandaban de la cocina”.

…No se podía meter la mano, por eso lo que yo hacía era poner limón en la leche para cortarla, lo que obligaba a mamá a hacer dulce de leche…

¡¿Lo hacía a propósito?!
Con toda la maldad del mundo, con todo el interés definido (risas). Es que la vida de provincia era muy bonita, llegaba la leche desde las haciendas en camionetas y siempre gritando: “la lecheeee”. Salía la empleada y le daban en jarros los litros; luego, la hacían hervir por horas hasta que hacía su nata (una delicia, un elemento complementario para la comida) y, en ese momento, ¡yo apretaba un limón y se cortaba la leche!

¿Le descubrieron algún día? preguntó el chef…
Sí, ¡y me sobaron también! (risas)… ese dulce es una delicia.

¿Otros postres que disfrute?
Me encanta el dulce de leche, y cuando paso por Cayambe voy comprando el mío. Me encanta el dulce de tomate ¡precioso!, con ese almíbar; el dulce de higos que nunca faltaba, el dulce de guayaba que se hacía en casa, el dulce de membrillo o comiéndole con panela.

¿Lo comía en el colegio?
¡Claro! Comprabas un membrillo y una panela y empezabas a rallar la panela en el membrillo y lo lamías. Pero lo mejor es que venían los amigos y compartíamos la panela y el membrillo. Y si eran amigas, ¡era más grato el momento! (risas).

Soy muy de helados, me gustan mucho, y los helados de paila ibarreños son un clásico. En Italia un amigo me llevó a una Gelattería y no salí de allí sino después de dos horas. Me encanta el helado como postre.

¿Y la comida en Guayaquil?
En Guayaquil todo era diferente, y nos acoplamos al clima, a las costumbres, al colegio y, desde luego, a la comida. Para nosotros fue una novedad porque en provincia serrana muy poco se come mariscos. Pero empezamos a descubrir la comida costeña y a disfrutarla. El plato costeño que más me gusta es la menestra, no lo pienso dos veces, con pescado o con carne finita como en Guayaquil. Prefiero la de fréjol. Y en cuanto a mariscos, los como todos, no hay uno que no me guste… si viene del mar hasta las sirenas (risas).

En familia, ¿cómo son las comidas?
En mi casa el desayuno es casi una fiesta.  Sobre todo cuando están los nietos que gustan mucho de eso. Cuando los padres tienen farra nos encargan a los nietos y se quedan a dormir, y el sábado es una maravilla. No hay mejor desayuno que el de la abuela y se les prepara pancakes con miel, huevos y  los mimos de rigor.

También comemos bastante pasta, mi esposa prepara una lasaña deliciosa. Y una vez a la semana nos reunimos con mis  hijas en un almuerzo, casi siempre los jueves, y ahí probamos lo que la ‘doña’ está en capacidad de preparar. La comida italiana no falta; mi esposa cocina muy sabroso, tiene muy buen gusto para la sazón, la comida italiana siempre está. La familia se une con la gastronomía y, en mi caso, se une también a través de la música.

Gabriel tiene tres hijas y cinco nietos varones. Es hincha del Barcelona, amante del cine y de la música italiana, y un admirador de la belleza y talento de mujeres como Ornella Muti, Gina Lodobrigida, Marina Bladi, Sofía Loren, Claudia Cadinalli, Laura Antonelli

Su película italiana favorita se llama El Ferroviario, una de los años 50. Su cantante favorito, y no podría ser de otra manera, es el gran Luciano Pavarotti, a quien le hubiera encantado entrevistar. Al cerrar la entrevista, iluminado por su amor a Italia, nos cuenta que siempre está pensando en volver.

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por : Pamela Cevallos H. Fotos: Boris Andrade