Feb 22

Inti Raymi, colorido y resistencia en una postal festiva

© Marcelo Quinteros Mena

© Marcelo Quinteros Mena

Su cielo es despejado, azul y estimulante. Ahí corre viento y hace frío. En las montañas,  distintas tonalidades de verde tapizan la tierra. Cayambe es un cantón de la provincia de Pichincha que registra cultura: civilizaciones anteriores a la incaica, referentes históricos de izquierda, celebraciones de fiestas ancestrales, entre otros.

El Inti Raymi es una celebración anual que va del 6 de junio al 8 de julio. En palabras del antropólogo Andrés Mier,“es una de las fiestas más importantes para lo indígena, sería la semana santa de Occidente. Por el sincretismo de la religión católica y de lo indígena, coincide con la fiesta de San Juan. El Inti Raymi tiene el significado de cuando la Tierra germina, por eso se celebran las cosechas. Es un período en el que cada 21 de junio se procede a la cosecha del maíz. También se celebra la fertilidad de la Tierra”.

Los grupos que han habitado esta zona datan de la época preincaica y siempre dieron al Sol esa dimensión de lo divino. Como un dios, todas sus creencias, fiestas y ritos están basados en la generosidad del astro. De hecho, los cayambis, con bailes y cantos, agradecían al Inti los sembrados, el principio de la cosecha.

Si bien se trata de un rito espiritual, entre las comunidades indígenas esta fecha va más allá de la fertilidad de la Tierra. “Se activan redes de reciprocidad entre las comunidades, familias y parentelas. Es una reactivación de lazos sociales a lo grande y se activa la economía indígena. Hay una comunión de los integrantes de las distintas comunidades”, señala Andrés.

La avenida Ascázubi es el epicentro de la fiesta y es uno de los lugares donde se expresa la diversidad que registra hoy en día Cayambe. Diversidad que se refleja en la oferta gastronómica: pizzas, hamburguesas, cevicherías, pescaderías para ibarreños, costeños, colombianos y quiteños. La industria ganadera, florícola y lechera atrae a diversos gentilicios nacionales y extranjeros.

Para celebrar al lejano, diferentes comunidades desarrollan y se involucran en el festejo. Unos desfilan, otros entonan coplas, otros se disfrazan. Todos celebran a la estrella situada a 149 millones 600 mil kilómetros de la Tierra. El dato no es menor. La zona andina es la más cercana al Sol de todo el planeta. Además, Cayambe está atravesado por la línea equinoccial. Es el único lugar en el mundo donde el Sol dibuja una cruz perfecta y su ubicación geográfica es latitud N 0° 0’ / N 0° 10’ y longitud W 78° 15’ / W 78° 0’.

La fiesta del Sol o Inti Raymi cuenta con todo lo que una celebración exige: música, comida, bebida, alegría y nostalgia. Los instrumentos para ambientar la fiesta son guitarras, flautines, bocinas, cuernos, bombos y tambores. Todo lo mejor para agradecer al astro el principio de la cosecha.

La alegría no solo se refleja en los rostros de las personas, los colores de sus vestimentas expresan ese júbilo espiritual que desborda a los asistentes. El amarillo, verde, rojo, celeste, naranja y otros se ven en los ponchos, las faldas, los collares, los sombreros y las pulseras.

Por su parte, las mujeres indígenas del lugar tienen su estilo. Se visten de una blusa bordada, falda con adornos en los bordes, fachalina con flecos –pañuelo grande-, alpargatas, gargantillas, sombreros con cintas de colores y hasta caretas. Además de los desfiles, la fiesta cuenta con eventos deportivos, toros populares, comparsas y otras actividades artísticas y culturales.

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© shutterstock

Párrafo aparte merecen las coplas. Con guitarra y un ritmo rápido. Puntilleo y mujeres en los coros, los grupos musicales le inyectan energía a la fiesta. Los sentimientos que se expresan son encontrados: alegría, tristeza, nostalgia, entre otros. La letra de ‘Tu abandono’, de Nazacota Puento, por ejemplo, recita:

 

 

 

 

 

 

Mientras los dedos aplastan las cuerdas de las guitarras y los coros cantan, la gastronomía también juega su rol en la festividad. Al cuy asado lo acompañan mote, papas, salsa de maní, y para el postre se degusta el manjar de leche, el queso de hoja y los bizcochos.

Música, comida, expresiones culturales. Durante los desfiles circulan personas disfrazadas. Estas encarnan figuras de la cosmovisión indígena. Algunos se visten de aruchicos, el personaje joven que se convierte en guerrero en la ceremonia del Warichikuy.

El Aya Uma, por su parte, es un ser mitológico que llama la atención. En su máscara se encuentran muchos simbolismos, como, por ejemplo, las 12 prolongaciones que representan a las serpientes que simbolizan la sabiduría ancestral andina.

Además, en la máscara, hay dos rostros cuyo significado es la dualidad del mundo andino. Pasado y futuro, arriba y abajo, día y noche. En la mano derecha llevan un acial para purificar y ahuyentar a los malos espíritus que rondan la Tierra. Y en la izquierda, un gato disecado que representa al usurpador, al que le robó la tierra. El Aya Uma siempre levanta al felino para advertir a las personas que no sean como ellos, como los invasores. Este personaje es una especie de héroe dentro del mundo indígena. De hecho, su leyenda lo ensalza y posiciona como un luchador; alguien que nunca sufrió caídas ni derrotas en sus peleas. Era el primero en llegar y el último en irse de las batallas, y cuando bailaba sus pies nunca tocaban el suelo.

El Inti Raymi es un carnaval y en un momento fue símbolo de resistencia. Con la llegada de los españoles esta celebración casi desaparece. De hecho, el San Juan fue un intento de los colonizadores para sustituir a la celebración ancestral. Sin embargo, los indígenas de toda la zona andina jamás se resignaron y desarrollaron los festejos de forma clandestina.

La resistencia es algo que ha caracterizado al pueblo indígena y Cayambe también es testigo de ello. Esta tierra parió a Dolores Cacuango, símbolo de la izquierda indígena que participó en revueltas y lideró movilizaciones para pelear por los derechos de los indígenas, históricamente arrebatados.

Los suelos de Cayambe son tierra fértil, tierra que da flores que alcanzan reconocimiento mundial. Sin embargo, el fruto más bello que se parió aquí es la utopía de la libertad que encarnaron personas como Dolores Cacuango, autora de la frase: “Somos como la paja del páramo, que se la arranca y vuelve a crecer”.

Por ello, cuando zapatee y disfrute de las fiestas venideras, no solo celebre la algarabía de estas tierras andinas, fértiles y prósperas. Añada a su plenitud y jolgorio la certeza de que la fiesta que lo anima tiene su propia, ancestral y apasionante historia; de que este Sol es suyo, como la tierra y la alegría. ¡Salucita, papacho!

por Esteban Michelena