Feb 13

JEFF BEZOS, LA SONRISA DE UN GIGANTE

Su fortuna viene a golpe de innovación. El hombre que ha cambiado la dinámica de las ventas a escala mundial – y ahora el más rico del mundo tiene una fortuna de 150.000 millones de dólares y un imperio que ni el espacio lo limita…

Como a todo magnate, endiosado y envidiado por miles, su fama le precede. Le han calificado como el peor jefe del mundo, un promovedor de los monopolios y un explotador. Pero en un imperio como el que maneja, es de suponerse que habrá inconformes y escépticos. Sin embargo, nada de eso ha mermado su éxito ni sus resultados financieros. A Bezos no se lo conoce como un filántropo -como es el caso de Bill Gates- ni tampoco como un excéntrico e iracundo genio como lo fue Steve Jobs. De hecho, proyecta una extraña cercanía que ha minimizado su figura como uno de los más grandes -y peligrosos empresarios del siglo XXI. Su perfil, más que reconocido en las grandes esferas de los negocios, ha sido manejado de manera sutil; como si fuera un personaje que ha acabado de salir a la luz para las masas.  Se lo ve en alfombras rojas, dando conferencias, jugando golf, riendo…

Como si se tratara de un cliché, su idea millonaria también nació en un garaje, un escenario ya recurrente de los grandes negocios que han impactado al mundo en las últimas décadas. Ahí Jeff Bezos (Albuquerque, EE.UU., 1964) inició con lo que sería una revolución del mercado de compra y venta. Era 1994 y el desarrollo del Internet era aún incipiente, pero ya había mostrado su fortaleza a futuro. Si bien Bezos invirtió parte de su capital en Google ($ 250.000 en 1998), había llegado tarde para ser parte integral de la transformación digital. Fue así cómo -en lugar de verlo como una oportunidad perdida- quiso valerse de esa nueva posibilidad y apostar a un nicho -y a un producto que podía dejar grandes regalías: los libros.

Fue así como nació Amazon. Una librería online que necesitó de un presupuesto de $ 300.000, que fue prestado por sus padres, y que, por si fuera poco, tenía un 70% de probabilidad de fracasar. Evidentemente eso no sucedió, y cuatro años más tarde, Amazon incorporó a su catálogo música y videos, convirtiéndolo en un pionero por también incluir un carrito de compras. El 30 % de éxito que se esperaba se cristalizó con creces y ahora su creador, según el último reporte de Forbes, es la primera persona en sobrepasar los 150 millones de dólares en la historia.

Y es que Amazon ya no solo es una gran biblioteca. Hace mucho tiempo que se diversificó para ofrecer todo tipo de productos y con millones de proveedores. Ha abierto tiendas físicas y centros de distribución en todo el mundo, tiene en su plataforma más de 100 millones de suscriptores de su servicio Prime (por $119 al año el usuario puede tener sus pedidos en menos de dos días, bajar los costos de las entregas de un día al otro y acceso a videos, música y más) e incluso, para quienes ya se han acostumbrado a realizar sus compras con clics, pronto llegará Amazon 4Star: tiendas físicas en donde ya se reconoce al usuario con un código, y donde no hay necesidad de tener cajeros pues se carga todo directo al celular. Esto, sumado a un monitoreo constante de cámaras y un algoritmo que reconoce las preferencias del usuario. Inteligencia artificial en todo su esplendor.

¿El problema? Amazon no solo alberga paquetes en sus enormes galpones, sino que compite con pequeños y grandes almacenes y proveedores convirtiéndose en un peligroso monopolio que ya ha logrado levantar algunas dudas sobre sus prácticas mercantiles a escala global.

La realidad de un visionario

Jeffrey Preston Bezos lleva el apellido del esposo de su madre, Miguel Bezos de origen cubano, quien decidió adoptarlo como su hijo. Ted Jorgensen, su padre biológico, abandonó muy pronto a la familia. Jeff estudió su colegiatura en Miami y luego Computación e Ingeniería Eléctrica en Princeton. En algunas entrevistas, Bezos afirma que su inspiración en ver “más allá” y enfocarse en el futuro de los negocios fue gracias a su madre que siempre luchó por darle una vida de calidad con enfoque en el trabajo duro.

Pero más allá de la motivación familiar y la claridad con la que veía a los negocios, la apuesta por la innovación legítima fue su modus operandi.

El plan de negocios para crear Amazon fue esbozado, junto a su ex esposa MacKenzie Bezos, en un viaje de Nueva York a Seattle, ciudad que hoy alberga a las empresas tecnológicas y start ups más reconocidas. Para ponerla en marcha, decidió dedicarle tiempo y cabeza: renunció a D.E. Shaw & Co -un fondo de inversión donde ocupaba la vicepresidencia. En veinte años su fortuna ascendió de 100 millones a 150 mil millones. Los primeros años se enfocaron en mejorar tecnologías, ampliar los centros de distribución y fidelizar a sus clientes y proveedores con un servicio de excelencia. Luego llegaría el boom: a inicios de 2018, la compañía valía 580.000 millones de dólares. En el segundo trimestre, los ingresos netos de la compañía se dispararon a 2.500 millones de dólares, en comparación con los 197 millones en el segundo trimestre de 2017.

La imagen de un Bezos aún con pelo y aire descuidado es parte del pasado. Hoy es impecable; tiene cuatro hijos y fue calificado en una encuesta de 2014 como el peor jefe del mundo por su trato frío y enfocado solo en el negocio (sus empleados dicen que las políticas laborales son extremas al punto que hay mucho llanto y no hay tiempo ni para ir al baño). Sumando a esta reputación, su matrimonio se ha acabado. Hace algunas semanas anunció su divorcio de quien sería su compañera corporativa y se prevé que sea la división de bienes más impactante de la historia.

Su nuevo amor es la periodista Lauren Sánchez, una exuberante presentadora de televisión de orígenes humildes con tres hijos quien, también está procesando su separación.

El potentado también es dueño del Washington Post desde 2013; y desde 2016 se convirtió en uno de los periódicos más rentables frente a sus competidores. Así mismo, Bezos fue el primero en sumarse a la carrera espacial en la que le han seguido Richard Branson y Elon Musk. Con la fundación de Blue Origin en el año 2000, Jeff consolidó su sueño de llegar al espacio con vuelos privados: “mi sueño es construir hoteles, parques de diversiones y colonias para 2 o 3 millones de personas que estarían en órbita. Todo esto para preservar la Tierra”, así lo afirmó en una entrevista del Miami Herald en 1982. Su visión, desde hace casi cuarenta años, ha estado enfocada en la innovación de lo existente; y lo ha logrado.

Si bien en Wall Street el valor de las empresas cambia de un minuto a otro, el poderío de Amazon radica en la diversificación de su plataforma, y por el momento, no parece que otro competidor pueda empujarlo del camino.