Ene 29

Joan Manuel Serrat, 50 años de poesía

Su voz le ha dado voz a varias generaciones al contar sus amores, sus desamores, sus soledades y alegrías y, aunque una canción no cambie el rumbo de la historia, con sus canciones ha convertido los grises del día a día en luminosos momentos de inspiración. Todo empezó hace 50 años y no solo que vivió para contarlo, sino para cantarlo con poesía viva.

Cuando entró usted en el estudio Toresqui de radio Barcelona, en febrero de 1965, ¿qué le rondaba por la cabeza y qué le latía en el corazón?
Pues más o menos las mismas cosas: esencialmente divertirme, poder mostrar unas canciones que había compuesto yo mismo y de alguna manera mostrar esta parte de mí, pero, por encima de cualquier cosa, ser feliz haciendo música. En ningún momento me rondaba ningún pensamiento de vocación conquistada, sino que sencillamente empezaba a hacer algunas cosas, pero sin ningún planteamiento a largo plazo.

50 años después, ¿qué significa para usted celebrarlos escogiendo 50 canciones entre 600, y andando con ellas alrededor del mundo?
Para mí es una fiesta, una fiesta en el más real y auténtico sentido de la palabra, y no solamente que festejo un aniversario, sino que lo festejo haciendo música, con un trabajo con 50 canciones y con un montón de compañeros, algunos de los cuales han caminado buena parte del camino conmigo y otros que los fui encontrando a medida que avanzó la vida, compañeros que aceptaron muy amablemente  compartir conmigo esta puesta al día de estas canciones con las que celebraré estos 50 años. Es para mí una fiesta porque he podido dedicar mi vida -de una manera muy amplia- a aquello que me hace feliz: hacer música, escribir, cantar, viajar, compartir todo lo que gracias a la música pude conseguir en esta vida.

600 canciones después, ¿cómo define -si es posible definir- la magia de una canción como Penélope o Mediterráneo?
No pretendo definir nada de estas canciones. Una canción se define sola, y su magia y su capacidad de enredarse en la sensibilidad de la gente es algo que cada canción lo hace con la gente, uno a uno. Yo me limito a escribirlas y a tener con ellas una relación estupenda como se tiene en cada una de las relaciones en las que uno está gestando algo, pequeño o grande. Esto es lo que a mí me basta. Creo que una canción se define sola y se define de acuerdo con cada uno de los que la están escuchando, cada quien la entiende a su manera, cada quien la usa a su manera.

Después de estas horas de vuelo sobre los escenarios, en los estudios de grabación, no sé si peleando con la palabra o dialogando con ella, ¿cómo va su capacidad de asombro?, ¿cómo acepta usted las sorpresas de la vida?
En primer lugar, yo con la palabra tengo todo tipo de relaciones, tengo relaciones plácidas y relaciones difíciles; me ha ocurrido absolutamente de todo y así le ocurre en general a todo aquel que trabaja con la palabra; la palabra tiene que complicarse con los demás y yo me llevo bien en general. Mi capacidad de asombro va como un bebé, me niego a perderla a pesar de lo que la vida pueda plantearme. Yo me reconozco vivo en la medida en que está viva mi capacidad de asombro, mi capacidad de descubrir, de enamorarme, de ilusionarme, de esperanza, por mucho que la humanidad se empeñe en desilusionarme, tengo una gran capacidad de regeneración.

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Eso es claro. Sus canciones siguen vivas, vibrantes y a usted lo siento con el entusiasmo indispensable para sortear el día a día y, sobre todo, el día a día de un artista. ¿Ha salido derrotado de la palabra o alguna vez logró ganarle con alguna canción?
En primer lugar quisiera indicar las dificultades de cada día de la humanidad, yo le aseguro que cada día del artista es mucho más trágico que cada día del minero o del campesino, o de la gran parte de los trabajadores que tienen unos días muy difíciles. Respecto a la palabra, ni gano ni pierdo con ella. La palabra es una manera de comunicarme, no le puedo ganar a la palabra. A las palabras se las puede ganar con los hechos, pero las palabras sirven para contar esos hechos. No tengo ni me interesa derrotar a la palabra y tampoco me gustaría que la palabra me derrotara a mí.

50 canciones elegidas entre 600, menudo problema, señor Serrat…
Yo creo que el problema sería elegir 50 canciones entre 49, esto podría ser un grave problema (risas), pero tener que hacerlo simboliza un pequeño esfuerzo y a veces rozar con la dificultad de la duda, de escoger entre una y otra, sabiendo, además, que todo es eventual, que todo es frágil y que lo que hoy te hace parecer que la canción debe estar ahí -por méritos propios- al día siguiente encontrarás otra que también merecería lo mismo. Pero, bueno, cuando uno se plantea realmente hacer un trabajo de selección y en ese trabajo no caben más que 50, partes con la dificultad de que siempre será injusto, pero también con la facilidad de que siempre será injusto. Elijas las que elijas, a no ser que sea muy grosero en olvido y desprecio, si te llevas bien con las canciones que has escrito, con todas, con las que podríamos decir ‘son buenas’ y otras que no lo son, entre aquellas que de alguna manera han dejado a su autor satisfecho, llevándose bien en general con todas, uno sabe que siempre será injusto, pero también sabes perfectamente deben quedar solo 50.

Con esa capacidad de asombro que usted mantiene viva, ¿qué le asombró en este recorrido de selección de 50 canciones?
La verdad que sí hay más de un momento que resulta modestamente sorprendente y que satisface al autor. Me deja satisfecho haber podido encontrar una frase, una línea melódica, una canción determinada con la que me sienta especialmente orgulloso, y eso suele ocurrir más en la medida que pueden ser canciones que lleven menos tiempo de lo que podría ser el repertorio. Sin embargo, también ocurre lo contrario, aunque lo contrario ocurre menos, pero no porque no exista sino porque uno hurga menos en determinado repertorio que ya sabe que son perfectamente descartables.

¿Qué aporta su voz de ahora a las canciones que cantó con sus voces de otros tiempos?
Aporta el presente, por eso precisamente las he vuelto a grabar. Este trabajo no es una recopilación de canciones, no es un ‘Grandes éxitos’, es un trabajo situado en el hoy, con las canciones de 50 años, pero cantadas hoy con la voz de hoy, con los arreglos musicales que al cabo de 50 años se han destilado y que han quedado, y hacen que el trabajo sea conmemorativo de estos 50 años, no un recopilatorio del pasado.

Un poeta como usted está más allá del ‘Grandes éxitos’. Creo que usted hoy con sus horas de vuelo tiene tantas cosas que decir, con las mismas canciones y con la voz de hoy. ¿Cómo cifró todo esto en un álbum?
Sí, pero créame que sí, que yo no estoy al margen de los acontecimientos ni que sean personales, me parece fantástico celebrar los 50 años porque difícilmente volveré a celebrar otros, o sea, que me parece maravilloso. Y haber tenido la suerte de pasar toda una vida haciendo el trabajo que me gusta hacer me parece digno de ser festejado.

Sin duda, pero muchos queremos otros 50 años de Serrat…
Yo también los quisiera y en perfecto estado de salud, pero difícilmente esto va a ocurrir porque es imposible que yo pueda llegar a ser inmortal, pero lo que sí es seguro es que no soy ‘inmorible’ (risas).