Oct 20
Basilica del Voto Nacional Ecuador - Claudia Roura Basilica Ecuador - Nuestro mundo magazine Basilica

La Basílica del Voto Nacional. La belleza labrada en piedra

Imponente y bella. Desde varios lugares del Norte y Oriente de Quito,  se puede divisar a la Basílica del Voto Nacional, la iglesia neogótica más grande del Ecuador que da la bienvenida al Centro Histórico pero no es parte de la época colonial.

Imposible no quedar impactado con su presencia. Enorme, fría… como si sus exóticas gárgolas cuidasen del sector. Imponente se erige esta construcción de piedra en el pintoresco barrio de San Juan, en Quito. Y, si bien no está en el corazón del Centro Histórico -donde se albergan los tesoros arquitectónicos centenarios- es otra joya capitalina que tiene la ciudad. Su construcción -iniciada en 1884- se la debe a la Iglesia ecuatoriana, a través de la orden Oblata, y planteada por el padre Julio María Matovelle; su aprobación debió pasar por el Congreso Nacional. Seis años después, se puso la primera piedra. El diseñador francés Emilio Tarlier hizo los planos, basado en el gótico europeo sin conocer Quito. Pero jamás fue parte de la construcción, que con los años tuvo algunas modificaciones. La Basílica, con su belleza única, ha sido comparada con la Catedral de Burgos, la de San Patricio en Nueva York y la de Notre Dame en París.

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La Basílica está ubicada entre las calles Carchi y Venezuela. Tiene dos ingresos y un cementerio en el subsuelo. Está abierta de lunes a domingo de 08:00 a 18:00; para subir a las torres, de 9:00 a 16:00. El valor de la entrada es de 2 dólares. © Shutterstock

Este templo representa la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, un hecho que fue establecido a través de un decreto del presidente Gabriel García Moreno, gobernante de talle católico conservador. Sin embargo, para cuando se inició la obra, García Moreno ya había sido asesinado. De todos modos, dentro del templo hay espacio en su honor y hay el mito de que su corazón está guardado en la sala capitular del convento.

La obra se llevó a cabo con contribuciones y mano de obra de los fieles católicos: hasta ahora sus nombres lucen en las paredes de la iglesia. Cabe mencionar que, durante la edificación, incluso se estableció un impuesto a la sal, del cual se destinaba un rubro para no parar la construcción.

La obra no se culminó durante varias décadas y pasó por varios gobiernos que aportaron, y otros que no tanto. Y con el paso del tiempo, se hicieron muchos cambios a los primeros planos.  Por ejemplo, en los exteriores de los templos góticos predominan las gárgolas, que simbolizan la presencia del mal. Pero en la Basílica del Ecuador, estas posan solo sobre la capilla del Sagrado Corazón de María mientras que las torres externas son cuidadas por animales nativos del país, como el cóndor -el ave nacional del Ecuador- armadillos, caimanes, tortugas, monos e iguanas.

Aún sin estar terminada, en 1924 se empezó a oficiar misas. Y en 1988, con la llegada del Papa Juan Pablo II, se realizó la bendición y la inauguración formal.

No existen leyendas a su alrededor, pero hay creencias: la más importante es que, cuando finalmente se acabe de construir, el mundo se va acabar o el Ecuador dejará de ser un país libre y soberano. En todo caso, aún falta mucho para que la iglesia esté completa y que llegue el fin del planeta Tierra. 

La Basílica cuenta con dos torres de 115 metros de altura, donde están dos relojes.  La nave central tiene 140 metros de largo por 35 metros de ancho y 30 metros de altura; además de 74 metros de alto en el crucero.

El recorrido empieza en el portón principal que tiene un hermoso marco de pan de oro donde además hay una pintura del Corazón de Jesús.

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© Shutterstock

En los costados están  grandes y coloridos vitrales que narran la vida de la Virgen María y de Jesús. Uno de los más llamativos está en el segundo piso, donde empieza el camino hacia las torres a las que los visitantes pueden acceder.

Así mismo, hay varios pasillos y escaleras de madera y metal en forma de espiral que podrían atemorizar por las alturas. En varios sectores hay ventanales desde donde se puede ver la ciudad de Quito; incluso hay escaleras al aire libre desde las cuales no se recomienda ver hacia abajo.

Al final de este maravilloso recorrido, puede disfrutar de las delicias típicas del país en el restaurante y hacer compras de souvenirs en la pequeña tienda de artesanías. 

Por Claudia Roura