Feb 22

Lago Baikal el ojo azul de Siberia

El continente asiático es una caja de sorpresas para quien haya vivido inmerso en la cultura occidental. Y no solo sus rasgos culturales pueden impresionar, sino también su asombrosa naturaleza. De más allá del horizonte nos llegan los azules reflejos del sol sobre el agua más cristalina del planeta.

En medio de Asia y desde hace veinticinco millones de años, una falla geológica de grandes dimensiones ha permitido alojarse en una inmensa hendidura orográfica a una cuantiosa masa de agua dulce, tanta, que representa el 20 % de las disponibilidades de agua no congelada del planeta. Tan abundante, que podría abastecer a la humanidad actual durante cuarenta años. Y tan abismal, que con su fondo, a algo más de mil seiscientos metros de su superficie, resulta ser el lago más profundo de la Tierra.

Es el lago Baikal, el ojo azul de Siberia. Una larga y abundante extensión de agua contenida entre altas montañas, alojada en medio de la taiga siberiana: un sistema natural, en apariencia desértico, pero muy abundante en especies, muchas endémicas, es decir, que solo existen ahí. Por las gélidas aguas del lago en el verano, alegre se desliza una especie de foca conocida como nerpa (Pusa sibérica). Cuando llegue el invierno, seguirá nadando, pero bajo una capa de hielo de hasta dos metros de grosor. Quien camine sobre esta transparente masa de agua congelada, podrá avistarlas, mientras, gráciles, se desplazan en busca de su alimento: peces diversos y en gran abundancia. La foca del Baikal es la única en el mundo que habita en agua dulce y casi noventa mil pululan por doquier en el lago.

Así también abundan los peces: de 52 especies, 27 de estas solo se encuentran en el Baikal. Entre las especies más notables están el esturión endémico, el transparente pez golomjanka o pez oleoso y una subespecie del omul, que, ahumado, es muy popular en la región.

Y hay un responsable de la limpieza del agua de todo el lago. Se trata del epishura, una especie de zooplancton de un tamaño diminuto: entre uno y dos milímetros de longitud. Cerca de tres millones de estas beneficiosas criaturas viven en cada metro cúbico de agua. No por nada representan entre el 80 % y el 90 % de la biomasa total del lago. Son muchas y muy eficientes, tanto que lograron mantener la limpieza a pesar de la presencia de una planta de celulosa cuyas aguas residuales se vertían al lago. La pesadilla de este ejército de pequeñísimos seres y de todos los animales que constituyen la cadena alimentaria terminó en 1976, cuando se suspendió la actividad de la fábrica. Desde entonces, los habitantes del lago volvieron a vivir como siempre. En particular los extensos ‘bosques’ de esponjas, que, aunque parezca increíble su existencia en agua dulce, sobreviven además a inviernos muy extremos. Más de doscientas variedades de algas y sobre trescientas especies y subespecies de crustáceos completan el cuadro de una naturaleza desbordada en especies propias. No por nada en lengua yakut se lo conoció como Lago Rico.

La biodiversidad alcanza tales niveles de endemismo que al lago Baikal también lo llaman el Galápagos de Rusia. Más de 2 600 especies y subespecies conviven en este laboratorio natural de la evolución, que, como las islas del Pacífico, permaneció sin verse afectado por la presencia humana durante siglos.

Estas inusuales cualidades han atraído también a científicos rusos, que en 2008 incursionaron en sus profundidades en busca de respuestas. A bordo de dos batiscafos -el Mir 1 y 2, una especie de submarinos- se sumergieron hasta el fondo del lago y transmitieron imágenes inéditas a todo el mundo. Antes de volver a la superficie, depositaron sobre los sedimentos del fondo una pirámide de acero inoxidable con el escudo de Rusia. Los sedimentos acumulados por millones de años son abundantes. De acuerdo con un cálculo científico, alcanzan hasta cerca de 9 000 metros de espesor, lo que daría una profundidad real al lago de más de 10 kilómetros. Otro de los descubrimientos es que el agua del Baikal casi no contiene minerales, lo que explica su extraordinaria transparencia.

Las posteriores investigaciones científicas están en concordancia con las inquietudes de astrofísicos de la comunidad internacional, quienes buscan comprobar, en varios lugares del mundo, la existencia de la llamada materia oscura. Se trata de identificar a los neutrinos, que son partículas subatómicas que pueden revelar la estructura del cosmos, la evolución de las estrellas y el misterioso origen de los rayos cósmicos. Con este fin, científicos rusos seleccionaron el lago Baikal para instalar -a 1 500 metros de profundidad- un telescopio de neutrinos subacuático, una suerte de red de pescador con células fotosensibles que tal vez capten, en esa absoluta oscuridad, el destello emitido por los neutrinos, esas partículas fantasmas procedentes de más allá de nuestro sistema solar, resultado de explosiones cósmicas en lejanas galaxias. Investigaciones similares se llevan a cabo en los mares de la Antártida y en las profundidades del Mediterráneo.

La ocupación humana de Siberia ha sido históricamente escasa debido a las condiciones climáticas extremas durante su prolongado invierno, que se extiende hasta los seis meses. El verano es corto y se confunde con la primavera y el otoño. Durante los meses de invierno, la superficie del Baikal se congela debido a temperaturas, que suelen alcanzar los 45 grados Celsius bajo cero. Sin embargo, pueblos nómadas se detuvieron aquí (mongoles, chinos y algunos más), mientras otros decidieron establecerse. En el siglo VI, los Kurykans tomaron posesión principalmente de la zona sur del lago. De esta tribu derivaron dos grupos: los Buryats y los Yakuts. No fue sino hasta varios siglos después, en 1643, que llegó el primer occidental: el explorador ruso Kurbat Ivanov. Posteriores intentos rusos para establecerse allí resultaron en fracasos, dado el carácter territorial de los Buryats. En su idioma, este pueblo llamó al lago Dalái-Nor, que significa Mar Sagrado, y a lo sagrado se lo defiende.

© Thinkstock

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Pero la resistencia terminó cediendo. Poco a poco, el imperio ruso fue minando las fuerzas de los pueblos originarios, en especial cuando el descubrimiento de oro y plata estimuló la codicia de los zares. En 1880 se planificó la construcción de un ferrocarril que cruzaría desde Moscú hasta el océano Pacífico, donde las rieles alcanzarían el puerto de Vladivostok, cruzando la vasta extensión de la taiga de Siberia, lo que le confiere su nombre: el tren Transiberiano. Inaugurado en 1904, el trayecto cruza ocho husos horarios y alcanza los 9 288 kilómetros, dentro de los cuales se encuentra la ribera sur del lago Baikal. Su paso por allí requirió la construcción de 33 túneles y doscientos puentes. Con sus 500 m de largo, la larga fila de carros halados por una pujante locomotora permite a los pasajeros disfrutar de este trayecto con una visión dinámica del lago más antiguo del planeta, que como un ojo azul nos mira sin pestañear, recordándonos la grandeza, complejidad y belleza de nuestro singular planeta.

Visitar el lago Baikal resulta en algo más que en turismo convencional. Demanda espíritu de aventura y disfrute pleno de una naturaleza única. Pero también hay para aquellos interesados en los deportes, algunos incluso extremos. Durante el período invernal puede parecer extravagante organizar un viaje a un clima inhóspito. Sin embargo, varias actividades interesantes ocurren en ese período: largos recorridos en trineo para observar las caprichosas formas que toma el agua al congelarse, los profundos azules del hielo contrastados con la pureza del blanco de la nieve y las focas pescando bajo el hielo. O también puede decidir treparse en los trineos impulsados a vela que logran deslizarse a alta velocidad sobre el hielo más transparente de la Tierra.

Están los diversos parques nacionales y reservas naturales alrededor del lago. Una extensa red de senderos permite recorrerlo en sus contornos, algo imposible en ningún tipo de vehículo por la inexistencia de carreteras. Hay que considerar que el lago mide 636 kilómetros de largo y en su parte más ancha llega a los 80. Las 22 islas del lago pueden ser reconocidas a lo largo del trayecto, pero su recorrido completo puede tardar varias semanas y solo se transita durante el verano. Varios campamentos acogen al caminante, por lo que el viaje podría resultar más cómodo de lo esperado. Algunos museos en la ruta permiten entender mejor la naturaleza y cultura de este extraordinario entorno.

El lago Baikal es mucho más que un bello paisaje y un espectáculo de vida silvestre. Debiera lograr tanto el asombro como el respeto. Un paso más implica alcanzar esa certeza de que nada es eterno, a menos que la humanidad alcance una conciencia que se refleje en sus actos, una nueva perspectiva que permita la continuidad de la vida.

por Renato Ortega Luère