Feb 22

Loja tradición, nostalgia y aroma de café

Los forasteros se llevan paquetes de café como recuerdos de viaje. Al hacerlo, toman parte del alma, de la tierra, de la tradición y del alentador futuro de esta actividad en Loja, donde el cafecito crece desde los 1 200 hasta los 1 700 msnm.

Yangana, Vilcabamba, Catamayo, Quinara, Malacatos, entre otros, son pobladitos de ensueño donde crecen variedades como el arábigo de altura, con cuerpo y aroma. Diferenciados y memorables: por sus atributos valorados por expertos catadores, el café lojano ha sido premiado con la Taza Dorada.

Loja nos ha dado mucho. Es cuna de célebres personajes ecuatorianos. Presidentes, pintores, poetas, escritores, entre otros, registran su nacimiento en esta tierra, musical y amable.

Poetas, músicos, presidentes lojanos
Para descubrir y comprender Loja se pueden realizar distintas actividades. Una de ellas, visitar el Museo de la Cultura Lojana. Este cuenta con siete salas en las que se recoge la historia arqueológica, histórica y colonial de la ciudad.

Conocida como la ‘Capital de la Música del Ecuador’, Loja tiene el Museo de la Música. Aquí hay una colección de los 200 años de historia musical de diversos compositores y de Loja. Se exhiben siete mil partituras musicales y 75 instrumentos.

Un presente prometedor rinde honor a un pasado emblemático. Loja ha legado autores realmente importantes: el maestro Édgar Palacios, brillante trompetista y creador de la orquesta de niños con capacidades especiales, es uno de esos portadores de la tradición.

No lejos de esa figura, se destacan autores como el divertido compositor Medardo Luzuriaga, líder de la famosa orquesta Don Medardo y sus Players; el cantautor José María Monteros, su colega Hernán Sotomayor, el grupo Pueblo Nuevo, entre otros, que toman la mano al talento de íconos como Salvador Bustamante Celi, Segundo Cueva Celi, entre otros.

En tanto, la riqueza histórica de la ciudad se presenta en el Museo Matilde Hidalgo de Procel. En este lugar, ubicado en el edificio del Gobierno Provincial, se exponen objetos de quien fue la primera mujer en convertirse en doctora en medicina en el Ecuador y la primera en votar en América Latina.

El joven que atiende a los extranjeros es un cachaco,  como dirían en Loja y consta en su propio diccionario. Alegre y extrovertido. En cada momento que interactúa con los viajeros se le nota la energía. El café de despedida fue un acuerdo tácito.

Uno de ellos revisa la carta, pero el cachaco está un paso adelante y les explica algunas de las comidas típicas. Sobre el ají de pepa señala que es un acompañante de los platos típicos y lo sugiere para cualquiera de las opciones.

El sango, en tanto, es una masa fina que se elabora a partir de la mezcla de agua o leche con maíz seco, tostado y molido. Luego se pasa al sartén y se fríe. Al final se le agrega sal y queso. Otro plato de orgullo es el repe: una sopa cremosa que se prepara con guineo verde, quesillo y leche.

Sin embargo, el joven mesero deja para el final la explicación del tamal lojano. Destaca que es muy reconocido dentro de la gastronomía ecuatoriana y pasa a su explicación.

La idea de la masa con relleno preparado con chancho o pollo les gusta a los visitantes,  pero se convencen cuando el joven detalla que se presenta envuelto en hojas de achira y se cocina al vapor. Además, se lo acompaña con café.

Los sabores pintan sonrisas en el rostro y el bienestar de los comensales es evidente. Mientras comparten rememoran algunos de los lugares que visitaron. Trípticos y otros materiales informativos dan cuenta de su paso en la ciudad.

Por eso saben que en la avenida Gran Colombia se ubica la Puerta de la Ciudad. Allí hay un museo en el que se puede apreciar obras de arte contemporáneo. Además, cuenta con una vista del Centro Histórico, al que se accede si se sube la Torre del Reloj. La calle Lourdes también tiene su atractivo. Es un espacio de casas coloniales en las que se atienden comercios y se puede conocer la Loja de antaño.

Los valles son un entorno aparte. El de Malacatos y Vilcabamba, cada uno con sus características, son lugares que se pueden descubrir cuando se visita Loja. Sin embargo, si el viaje es corto, se puede visitar Jipiro, que está ubicado en el centro norte de la ciudad. Este es un parque con más de diez hectáreas, cuyo atractivo son las reproducciones a escala de edificios históricos y culturales del mundo.

Si bien Loja tiene lugares maravillosos para visitar, su historia también la hace atractiva. Tal vez el forastero pueda descubrir qué inspira este lugar. La ciudad vio forjar hombres que dieron valor a su entorno.

Isidro Ayora Cueva fue presidente del Ecuador; además, creó el Conservatorio de Música y otras entidades estatales. Fue Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, presidente de la Cruz Roja, entre otros.

Loja también tiene fama porque sus ciudadanos se vuelcan y se destacan en las humanidades y el arte. Ejemplo de ello es Benjamín Carrión, abogado, maestro, intelectual y escritor comprometido con la divulgación de la cultura. Él fue el gestor de la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Otro ciudadano ilustre fue Pablo Palacio, genio, loco e inspirador, este periodista y escritor es famoso por su texto ‘Un hombre muerto a puntapiés’. También está Eduardo Kingman, cuya obra pictórica trascendió fronteras y consiguió reconocimiento internacional.

Este pintor plasmó el realismo social del Ecuador y su obra se caracteriza porque usa las manos como medio, símbolo de expresión del sentimiento de las personas: alegría, angustia, ira, tristeza, injusticia. Su temática fue la lucha social, la dignidad de los derechos y libertades del ser humano.

El cachaco está pendiente. Sabe que los extranjeros reconocen el buen servicio y está a la expectativa. Los visitantes repasan las fotografías de la cámara de uno de ellos. El otro revisa la hora. Saben que tienen que partir. Los extranjeros cruzan la calle y vuelven a la vereda en la que acordaron un café antes de tomar el vuelo. Y se irán a sus tierras, llevándose el aroma y la nostalgia de esta Loja entrañable y cálida. ¡Como una tacita de café!

por Esteban Michelena