Feb 20

Martha Ormaza

Estudió Derecho en la Universidad Central. Le gusta escribir poesía. A lo largo de su trayectoria ha representado decenas de personajes que la han colocado entre las mejores actrices ecuatorianas .

La sensibilidad de Martha Ormaza se evidencia en la forma de manifestarse. Habla y escribe desde lo más profundo de su corazón, desde donde han nacido decenas de personajes que entre dramas y sonrisas han marcado la vida de esta querida actriz ecuatoriana.

Su lucha contra el cáncer que padece y del cual felizmente está saliendo ha develado mucho más esa sensibilidad. Y en estas letras se abre una personalidad que no trasciende en las tablas pero que aflora en medio de una entrevista, que inicia fríamente, pero que termina fundida al calor de las respuestas de una poeta, actriz y gran mujer.

¿Qué significa para ti la actuación?
Es una siempre sorprendente herramienta de conocimiento de la naturaleza humana. Es un lente agudo sobre nuestra condición. Desenmascara defectos y virtudes; grandeza y pobreza. Pone sobre el tapete lo que somos: esa mezcla rara de drásticas contradicciones, santos sádicos, infames amorosos, mártires y verdugos con capacidad amatoria inconmensurable en la búsqueda del bien y la verdad. Actuar es un gran juego, cuyo reto es construir un personaje sólido, tanto física como espiritualmente, con la medida justa de estos opuestos y en el que se puedan reflejar los espectadores a niveles simbólicos profundos.

nm66_protagonista_2_1410370404¿Cómo percibes el contacto teatral con la gente?
El respetabilísimo público es el mejor de los maestros. Es exigente sin ser despiadado. Se entrega por entero al juego propuesto desde la escena y es siempre el protagonista de toda trama. La relación creativa con el público no puede sino  ser de respeto, temor y amor.

¿Qué sientes cuando entras a un escenario?
Que todo adquiere sentido. Que lo trascendente tiene un espacio concreto en el mundo material y en el tiempo. Siento temor, respeto y amor. Me siento bendecida, privilegiada.

¿Cómo te marcó la obra ‘La Marujita se ha muerto con leucemia’ y cómo pudiste salir de ese personaje?
La Marujita marcó al público ecuatoriano y obviamente a sus creadores.  Al representar con respeto y humor de altura a nuestras seculares raíces criollas y mestizas, el público se identificó con los personajes y con lo nuestro. Influyó no solo sobre los productos escénicos nacionales, sino también en los televisivos. En el cotidiano de los ecuatorianos hablamos de nuestra diversidad regional y cultural como un factor de riqueza y no de división; antes de La Marujita, no era así.

Ahora hasta la Asamblea está dirigida por tres mujeres, de tres distintas zonas del país. Quiere decir que la fórmula del Comité de Damas de las Marujas ha calado profundo.

Nunca he salido del personaje de Encarnación, la manabita, y en realidad, no deseo hacerlo. Tiene mucho que contar y hacer todavía esta singular señora, y puede esperar silenciosa en un rincón mientras otros personajes salen a escena.

¿Cómo trabajas los personajes? ¿Dónde está el secreto de tu interpretación?
Hay varias técnicas para construir personajes; pero con los años en las tablas una casi se olvida de todas ellas y se queda con muy pocas y muy personales herramientas creativas. Cada actor, a la postre, sintetiza su método. Un personaje se construye desde dentro y desde fuera. Debe tener un cuerpo físico muy particular que sostenga una psiquis muy concreta. Los personajes teatrales deben ser vitales, aunque deban morir en escena; tienen que ser creíbles, honestos aunque extra cotidianos. En la tensión de estos opuestos está el reto lúdico de la creación artística. Un sueño, un par de zapatos, un gesto, un dolor alojado en algún lado, pueden ser elementos de un personaje bello y vivo.

¿Cuándo y cómo entró el teatro en tu vida?
El teatro se aprovechó de mi joven crisis vocacional. Sentí que había errado en mi profesión y comencé una nueva búsqueda. Tal vez fui yo, honestamente, quien se coló al escenario por una pequeña ventana tras bastidores. Y allí me he quedado trabajando duro y cruzando los dedos para que nadie me echara.

Estás pasando por momentos de salud muy complicados. Sabemos que estás en un proceso exitoso de mejoría y nos alegramos por aquello. ¿Qué ha significado para ti esta enfermedad, qué has aprendido de ella?
Aprendí que la enfermedad es una ocasión. El cáncer es una oportunidad de amor inconmensurable y a la vez práctico; flor, nota, plata, oración, fiesta, silencio, festival, remate, sonrisa, conversación, mano, vocación, silla de ruedas, aliento, bisturí, abrazo, jugo fresco de naranja, pensamiento, amigo, lágrima… Amor siempre presente en todas las formas más insospechadas.

nm66_protagonista_3_1410370404Te apoyaron muchos artistas y amigos. ¿Cómo te hizo sentir aquello?

Muy afortunada y con una deuda grande con mis compañeros y amigos artistas. Vivimos todos en condiciones muy vulnerables. El mercado globalizado de lo desechable nos brinda cada vez menos espacios para ser y hacer. No existen políticas de Estado respecto de los artistas y de sus libres expresiones. Pienso cada día en el marco legal apropiado para amparar a las personas y para garantizar sus creaciones. La tarima pública o privada ha vuelto a las artes escénicas un entretenimiento peligroso. A mis compañeros les debo una posición coherente, pública y decidida.

El teatro da mucho a la gente, ¿que te ha dado a ti?
La libertad. El cariño al público y el cariño del público. Sueños insuperables. Realizaciones. Retos siempre nuevos. Ocasión de servir. Reconocimientos.  El último fue tan maravilloso como inesperado. Me dieron nada más y nada menos que el Galardón Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fue como sacarme el premio gordo de la lotería. El teatro me ha dado tantas satisfacciones… si me hubieran dado lo mismo en plata, sería millonaria.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
Siempre se están cocinando ideas paralelas. Hay alguna que llega a su punto antes que las otras. Quisiera recuperar plenamente mi salud. Mi deseo de trabajar con jóvenes en distintas ramas del arte y del conocimiento es cada vez más firme. Tengo pendiente hacer un monólogo; he temido mucho ese reto, pero lo enfrentaré pronto. Tengo ya texto dramático, director y escenógrafo… solo faltamos mi coraje y yo. Debo estrenar como directora escénica una versión libre de la ópera ‘Carmen’ para danza flamenca con quince bailadoras en escena. Pero antes de todo esto, iré a Italia y a España este mes, con mi hija Paloma y mi sobrina Alegría. Tenemos planificado un viaje estupendo con motivo del grado de Paloma. Se recibe como pintora en una importante escuela de Bellas Artes italiana.

Luego de eso, tengo un mar de proyectos que esperan por mí. Lo más importante es que debo realizar, con ayuda de muchos amigos artistas y no artistas, una ‘Quimiorrumba’ cada año; un fiestón solidario con los enfermos de cáncer. Ya hicieron el año anterior una para ayudarme a mí y tuvo éxito total. Lamenté no poder acudir. Me gustan las fiestas. Cumplió su cometido: heme aquí contestando una entrevista.

¿Te dedicas a algo más que al teatro?
Siempre escribo algo, ideas sueltas, cuentos, piezas de teatro, entremeses, reflexiones, poemitas. Planifico detalladamente montajes escénicos, que no son teatrales necesariamente, y que pueden llegar a realizarse o no. Me gustan las cámaras aunque no todas. Me he vuelto quisquillosa no solo selectiva con ellas. Quiero ser bien dirigida.

¿Tienes otras aficiones?
Estoy muy contenta de empezar a ser vieja. Estudié Derecho. Más que estudiosa soy curiosa. Siempre me intrigó la realidad, la naturaleza, el cosmos, la mente, la noción de lo trascendente. Ahora me gusta contar historias, no solo leerlas. Me gusta caminar. Me gusta amar a mi familia. Adoro a mis amigos. Me gusta estar conmigo. Amo la contemplación y el silencio.

por : Pamela Cevallos H. Fotos: © Boris Andrade