Nov 16
Mateo Kingman

Mateo Kingman & Mina: Cuando la música se conecta con la Tierra

Los dos músicos son parte de Sonidos de mi Tierra. Esta es la primera parte de un documental, de tres episodios, en la que varios artistas se unen para crear un producto visual y musical de primer nivel para una reconocida marca de agua mineral natural ecuatoriana. El resultado es una sublime presentación de los paisajes naturales del Ecuador.

Los dos cantantes compartieron escenas y sonidos en esta gran producción que ha tenido una excelente recepción por parte del público.

¿Cómo ha sido el compartir este viaje musical y visual?

Mina: Fue maravilloso. Juntos recorrimos gran parte del país grabando sonidos de la naturaleza y sonidos urbanos. Por ejemplo, estuvimos en Cuenca, en el Cajas, fuimos a unas bellas cascadas, y luego unimos estos sonidos en el estudio para crear un track diferente.

¿Cómo se conocieron y cómo lograron esta fusión musical tan interesante?

Mateo: Con Mina trabajamos juntos hace tres años en su primer disco que ya está saliendo. Luego nos llamaron para este proyecto de Pukará y nos pareció muy chévere volver a trabajar juntos con nuestras propuestas.

¿Cómo lograron conjugar su talento, brillando juntos, cuando no es algo tan común en nuestro mercado el compartir proyectos y pantalla?

Mateo: Creo que depende de lo que se desea como artista. Cuando se compone es un momento de entregar todo, de no guardarse nada y generar -a través de la sensibilidad- lo mejor que se pueda en torno a las necesidades artísticas que se tiene para un proyecto. Es un dar y dar continuo. Luego, cuando ya se lanzan los proyectos es cuando uno siente la reciprocidad que llega en forma de buena energía y entendimiento por parte del público. La relación con los músicos no es de egos, sino de compartir para un resultado común.

Mina: nos volvimos un equipo sólido y se trabajó con un objetivo específico de alto nivel. El resultado es visible.

En el caso de Güitig, la marca ha sabido ubicarse como una bebida ecuatoriana, que nos identifica y de la que sentimos orgullo. Sin embargo, el © Cortesía Mateo Kingman y Mina proyecto sigue siendo publicitario. ¿Cómo han logrado adaptar su música e individualidad artística a algo que es de consumo masivo?

Mateo: Es interesante, sobre todo porque para mí ha sido bien complicado trabajar con empresas o marcas justamente por la naturaleza de mi proyecto artístico; por lo que implica la publicidad y porque siempre hay una visión empresarial de las cosas; se contraponen con lo que hago. Sin embargo, Güitig -y Pukará que va de la manonos dieron la libertad total de hacer y decir lo que nosotros queríamos. Nos compartieron tan solo una palabra: Pukará, que significa “fortaleza de nuestra Tierra” y a partir de eso crear lo que queríamos. Eso me convenció. Estar alineados fue fundamental.

Es importante, desde mi perspectiva, que el sector empresarial se empiece a involucrar con los artistas desde el respeto porque nosotros vamos a aportar con lo que ellos están buscando y ellos, desde otra arista, pueden hacer que las industrias culturales crezcan. Hay que entender que las propuestas innovadoras, con contenido, van a cobrar auge.

Mina: Es muy especial, ¿sabes? Sentimos que nos escucharon, que la lírica y el sonido les parecieron atractivos y que no fue necesario contraer nada de nuestra esencia artística. Que eso pase en la empresa privada, con una marca tan reconocida y que entiendan a músicos -como nosotros- que tenemos proyectos diferentes, que desafían lo que está pasando, es muy interesante e inspirador.

Es una propuesta interesante para la audiencia, sobre todo, cuando muchos artistas han tenido que vender su música y su voz para marcas comerciales, jingles, etc que no tienen nada que ver con la esencia que deseaban proyectar.

Mateo: Es difícil sobrevivir de los proyectos. No se valora la creación en sí. Yo creo que poco a poco eso está cambiando. Yo sí he podido vivir de mi proyecto artístico, porque ha habido un cambio de mentalidad por parte del público y también de las empresas que hacen conciertos, que buscaban algo diferente, etc.

¿Han sentido en estas semanas del lanzamiento, una acogida y percepción diferente por parte de la audiencia a lo que es su música y sus creaciones?

Mina: Indudablemente. Mi proyecto es muy joven aún –tiene un año y medioentonces ha tenido un impulso completo porque me ha puesto en el mapa. Pero destaco más el aprendizaje que tuve. Para mí trabajar con grandes artistas como Sebastián Cordero, Ivis Flies, Mateo Kingman, Apitatán y Diego Gutiérrez, es una oportunidad increíble. Son gente que ha cambiado el panorama artístico del país.

¿Cómo definen -cada uno- a su música y a su propuesta?

Mateo: tiene dos respuestas: para mí y para los demás. En el primer caso es una necesidad vital de poder estar presente en el momento de la creación; es como la meditación: es lo que me permite desconectarme de todo y conectarme más con los sentimientos, con las necesidades más internas, dejar de pensar en las opciones del mundo. Siempre he estado en la música, desde los 11 años fue así.

Hacia afuera, se convierte en otra necesidad: la de traspasar a través de sentimientos y emociones que me nutren como persona, más que como músico.

Mina: Mina está basada en mí misma. Al inicio nunca quise pensar en nadie más que no sea yo, porque necesitaba que la música salga desde mi verdad o desde algo que yo podía defender para luego subirme a un escenario en frente de una multitud. Mi creación se volvió como un proceso de sanación en donde yo enfrentaba mis miedos, mis inseguridades, etc. Siempre amé la música, entonces mi arte fue lo que se convirtió en aquello que me da valor.

Cuando hablas de Mina, hablas de ti en tercera persona, como si fuera un alter ego…

Sí. Es aspiracional. Siempre me ha encantado formar un superhéroe. En mi infancia no tuve un referente que me hubiera gustado ser, así que hice mi propia versión.

En el arte hay la disyuntiva de para quién se crea: si para uno mismo o para el público. ¿Cómo manejan esa parte que podría resultar incómoda para el artista?

Mateo: Es súper difícil. Es el momento álgido de la producción de un disco. Y ahí está el éxito de una buena producción: encontrar el punto medio entre esos dos mundos. No creo que sea negativo conocer qué funciona y qué no en el mundo y usar esos elementos. Es negativo cuando la creación se vuelca solo a eso. Ahí no hay personalidad. Creo que el objetivo final sí es conectar con la gente. Si estás muy ecléctico y en una búsqueda muy personal se trata en realidad de una obsesión con lo que necesitas y la obra se va a quedar en la casa.

Mina: el arte es una búsqueda que tiene que comenzar en uno. Porque si no comienza en un lugar personal se puede convertir en un aparato de complacer a los demás. Y ahí el artista va a ser una cosa de modas. Se hace una ola de complacencia.

En un mundo lleno de sonidos comerciales, ¿en donde entra su propuesta?

Mateo: El pop es la punta de la lanza y es la que se dirige hacia algo que hoy es más alternativo. Entonces, los que somos alternativos, nos subimos a esa sonoridad con variaciones. Son nuevas sonoridades. Nos identificamos como un nuevo pop con diferenciadores como podría ser el folclor, la naturaleza, etc.