Feb 20

Moscú, la ciudad indómita

nm696-1418682506-cf0b85adcbb183d7b395daff71e800a9Moscú es una ciudad que gusta o disgusta a quien la visite. No depende de factores claros y reconocibles. Es una actitud o la otra. Moscú no acepta términos medios.

Aquí nos ocuparemos de los que la disfrutan y aprecian como algo más que la actual capital federal de Rusia, la capital de la gigantesca Unión Soviética, la capital de casi todos los zares (salvo en el reinado de Pedro el Grande, el Zar que a principio del siglo XVII, trasladó esta a San Petersburgo). Sin embargo, y más allá de las circunstancias históricas, Moscú siguió siendo hasta hoy, el epicentro de toda Rusia.

Una ciudad cosmopolita, segunda en población en Europa (después de Estambul), sexta más grande en la Tierra y la mega ciudad más septentrional del planeta, Moscú es altiva por su pasado y pujante en su presente.

El centro del universo moscovita, y de toda Rusia, es el Kremlin, una inmensa fortaleza que alberga no solo al poder político, sino también al religioso: la mayor parte de los edificios son catedrales, iglesias y capillas coronadas por domos dorados, formas a las que comúnmente se las conoce como bulbos o cebollas. Con una planta triangular, y rodeado por un prominente muro de piedra, el Kremlin es hoy el principal punto de convergencia de rusos y visitantes, y sus innumerables atractivos continúan cautivando con la misma intensidad que antaño.

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El punto más alto del Kremlin y el centro exacto de la ciudad, lo marca el Campanario de Iván el Grande, visible desde treinta kilómetros a la redonda. Por eso, hasta finales del siglo XIX, estaba prohibido construir algo más elevado que este apreciado campanario que, con sus 21 campanas redoblando al tiempo, servía para alertar a los habitantes de ataques enemigos. Hay unas cuantas torres más que forman parte de su muralla protectora y otras tantas, dentro del Kremlin, pero ninguna tan alta ni tan significativa como la de Iván el Grande.

Junto a este campanario se encuentra la campana más grande jamás fabricada. Se trata de la Tsar Kólokol o campana del Zar, con un peso de 216 toneladas de bronce: su altura y su diámetro sobrepasan los seis metros.

El edificio más destacado de todo este vasto complejo arquitectónico es el Gran Palacio del Kremlin. Aunque se encuentra entre las más recientes construcciones (terminado en 1850), su estilo es una acertada mezcla del clásico, el bizantino y el barroco. Su fachada es reconocible desde el río Moscova por los intensos brillos dorados y el color amarillo y verde con que originalmente se decoró su exterior.

Los museos del Kremlin pueden ser interesantes para quien busque reconocer el pasado a través de los incontables objetos que en estos se exhiben. La Armería del
Kremlin es el más importante, por la numerosa colección, tanto de armas como de joyas, así como de curiosos artículos de la vida cotidiana de los zares, además de valiosas pinturas y objetos de arte.

Si bien el Kremlin aloja a las máximas autoridades de toda Rusia, es la Plaza Roja la que convoca a todos los habitantes de la ciudad en esta inmensa y atractiva explanada. Su nombre hace referencia a la palabra rusa Krásnaya, que significa ‘roja’, pero que en ruso antiguo se traduce como ‘bonita’, vale decir, Plaza Bonita. Y su nombre de origen le hace justicia, pues se trata de uno de los lugares más bellos de la ciudad.

A un costado limita con los altos muros del Kremlin. Al pie de este, se encuentran las tumbas de varios personajes relevantes, siendo el más destacado, el Mausoleo de Lenin, cuya visita resulta posible luego  de mantenerse disciplinadamente en la larga fila de visitantes, hasta ingresar a este singular modo de exhibir el cuerpo embalsamado del líder soviético.

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Al otro lado de la Plaza Roja, se alza el GUM (Glanny Universalny Magazín), un vistoso edificio de estructura metálica y techo de vidrio, construido a finales del siglo XIX. Inicialmente destinado a grandes almacenes para venta de productos generados por el Estado soviético, la construcción alberga hoy a tiendas de marcas internacionales, lujosamente decoradas.

En el otro costado de la plaza, se encuentra el Museo Estatal de Historia, un edificio rojo de estilo barroco ruso, que separa la Plaza Roja de la Plaza del Manège, a la que se accede por la Puerta de la Resurrección. El museo fue erigido entre 1875 y 1881, año en que lo inauguró el Zar Alejandro III. Posee, literalmente, millones de objetos de distinta índole, desde reliquias del pasado prehistórico del país, hasta valiosas obras de arte, delicados objetos en oro y otros metales, madera y cerámica. Interesantes son sus libros, que incluyen antiguos manuscritos, diversos Evangelios y textos sagrados, todos agrupados en su vasta biblioteca.
Y cruzando la Plaza en toda su longitud, en el extremo sureste, se alcanza la joya más vista y característica de Moscú: la Catedral de San Basilio. Concebida como un templo ortodoxo, fue el Zar Iván el Terrible quien lo ordenó en 1555 para conmemorar el sometimiento de los tártaros. Aunque posee elementos arquitectónicos bizantinos, sus formas parecen también provenir de las antiguas iglesias de madera del norte de Rusia. Sus coloridas cúpulas en forma de bulbo identifican una imagen generalizada que rápidamente se asocia a esta ciudad.

Moscú es mucho más que el Kremlin y la Plaza Roja. Su destacada actividad artística  se presenta, por ejemplo, en el cercano y famoso Teatro Bolshoi, que continúa atrayendo a moscovitas y extranjeros. El ballet ruso ha ganado fama internacional desde los años de Tchaikovsky y su Lago de los Cisnes. Así como el Teatro Maly, detrás del Bolshoi, con sus representaciones teatrales de alto nivel histriónico. O la Galería Nacional de Arte Tretyakóv, con numerosas obras de artistas plásticos, la mayoría anteriores a la Revolución de Octubre. Y el Museo de Bellas Artes Púshkin, con su rica colección de arte europeo impresionista y moderno. Tantos lugares dedicados al arte y la cultura convierten a Moscú en una ciudad privilegiada por el talento de los habitantes de toda Rusia.

Uno de los íconos de la ciudad lo constituye el Metro de Moscú. Sus múltiples estaciones (192 en total) conforman la tercera red subterránea más extensa del mundo, con sus más de trescientos kilómetros de tendido en doce líneas, que transportan hasta nueve millones de pasajeros por día. Inaugurado en 1935 -su línea circular, la número 5-, es una atracción por el cuidadoso diseño artístico del interior de sus estaciones, concebidas con materiales nobles como el mármol y otras piedras, modernos como el acero y el vidrio y tradicionales como el mosaico y los inmensos frescos en sus paredes.

Existen posibilidades de recorrer la ciudad a pie en distintos sectores y por diversos motivos. Una visita a la parte más antigua de la ciudad (siglo XIII), conocida como Kitai Gorod, permite vislumbrar lo que fue la ciudad entonces. Un paseo por la literatura rusa, encamina los pasos hacia el nor-oeste del Kremlin, a una zona llamada Zemlyanoy Gorod. Allí se encontrarán escenarios usados por León Tolstoi, Pushkin, Gógol, Chejov, Mayakovsky, y de tantos ilustres escritores rusos que allí vivieron y escribieron.

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Valiosos monasterios sobrevivieron a Stalin y a su furia demoledora. Se los puede visitar viajando fuera de la ciudad y algunos destacan por su riqueza y valor arquitectónico e histórico. El más importante es el Monasterio de la Trinidad y San Sergio, ubicado a setenta kilómetros de la ciudad. Reconocido como Patrimonio de la Humanidad (Unesco, 1993), constituye el principal centro religioso ortodoxo ruso. Allí se puede apreciar el arte del ícono, figura artística religiosa, cuyo principal exponente –el Ícono de la Trinidad– está custodiado en ese lugar por cerca de trescientos monjes.

Un universo inimaginable es Moscú, si se mira hacia la Edad de Piedra, en el yacimiento neolítico de Schukinskaya junto al río Moscova. Allí vivieron los primeros habitantes de esta mega ciudad de hoy. Y no es hasta finales del primer milenio, que tribus eslavas conocidas como Vyátichi y Krivichi, tomaron posesión de este territorio.  En el año 1147, el príncipe Yuri Dolgoruki de Rostov construyó la primera fortaleza con muros de madera, antecesora directa del Kremlin. Asediada durante siglos por diversos pueblos, Moscú salió airosa de todas las temporales dominaciones, que incluyeron a mongoles, tártaros y polacos. Tampoco Napoleón ni Hitler lograron doblegar al más poderoso defensor de Moscú: su noble pueblo y su mejor aliado, el invierno.

La historia de esta ciudad es palpable en cada calle, edificio y creación de un pueblo indómito e imaginativo por igual, capaz de superar, desde la más intrincada circunstancia histórica hasta la más dura prueba de supervivencia humana. Moscú vibra para quien la celebre en cada una de sus múltiples dimensiones.

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por Renato Ortega Luère