Feb 20

Río de Janeiro, la ciudad maravillosa

nm70-armado-fotos8-mapa-pm-1423176713-2745e32f375db268f72f7dfc8988521cAllí, donde la sal del mar se encuentra con la tierra dulce, donde parece que la selva se sumerge en las aguas; allí, donde la arena blanca recibe plácida las suaves olas marinas, donde altas y gráciles montañas sentaron su pie, allí decidieron los primeros navegantes portugueses el poético nombre de la ciudad que fundarían. La llamaron Río de Enero.

Lo de Río proviene del portugués antiguo, dado que así se llamaba genéricamente a las bahías; y el de Janeiro, por la llegada de estos navegantes en el mes de enero (1502). Parte de la tripulación era el ilustre navegante italiano, Américo Vespucio, quien después de prestar sus servicios a la Corona española, ahora lo hacía con la portuguesa. Cabe recordar que a él se debe el nombre de todo el continente: América.

Pero el interés de Portugal por estas tierras fue casi nulo. Por ello, cuando más tarde Hernando de Magallanes recaló allí, se encontró con contrabandistas franceses que obtenían el único producto extraíble: el palo brasil, una madera de color rojizo, apreciada en Europa para la elaboración de muebles, y un extracto de su savia, utilizada para la tinción en las industrias textiles de Francia e Italia. Fue así que, ante la indiferencia de Portugal, españoles, franceses, holandeses e ingleses, usaron una protegida bahía para anclar sus naves.

La bahía elegida para recalar, recibió el nombre con que los Tamoiós, habitantes originales del lugar, la denominaban en su lengua, la tupí-guaraní: Guanabara, que significa “Seno del Mar”. Es desde aquí, y a partir de la mitad del siglo XVI, que los portugueses comienzan a exportar el palo brasil y, más tarde, la caña de azúcar, el oro, el café y el algodón, todos productos que embarcaron principalmente en esta protegida bahía, donde hoy opera el puerto principal de Río de Janeiro.

Vista desde la perspectiva de un satélite, la bahía es redonda y con más de cien islas e islotes en su interior, siendo la mayor la Isla del Gobernador, la misma que se eligió para construir el mayor aeropuerto de la ciudad, conocido como Galeão o Tom Jobim, en honor al virtuoso músico local.

Desde el aterrizaje, Río es una ciudad que abraza. Inmersa en una naturaleza desbordante, con calles sumergidas en vegetación, con una temperatura agradable y brisa marina que refresca. Entrar en su ritmo y alegría resulta en un cautivante inicio.

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nm70-armado-fotos9-garota-1423176739-c4ba5eed192f7aa3f096c5972a1fbcaeConocida como la Cidade Marvilhosa, su nombre de fundación fue São Sebastião do Rio de Janeiro y está ubicada en el sureste de Brasil. Fue capital del Imperio del Brasil, que gobernó entre 1822 y 1889, año en que se crearon los Estados Unidos del Brasil. Continuó como capital hasta 1960, cuando la sede pasó a la entonces recién creada ciudad de Brasilia. Desde la promulgación en 1988 de su constitución actual, Brasil se define como República Federativa Presidencialista.

Río de Janeiro es el segundo centro económico del país (situado inmediatamente detrás de São Paulo). Es su segunda ciudad en población y ostenta otros títulos, como ser el mayor polo turístico internacional y el de encarnar la más intrínseca de las pasiones de los brasileros: el fútbol. Allí se construyó el icónico estadio de Maracanã, donde se jugaron las finales de dos campeonatos mundiales: de 1950 y 2014. Y en 2016, Río será sede de los Juegos Olímpicos.

Pero si de íconos se trata, Río contiene el que identifica al país entero: el Cristo Redentor, una escultura en piedra granito, ubicada en la cumbre del Cerro del Corcovado, a 702 metros de altura, desde donde se domina visualmente la ciudad entera. Se trata de una obra del francés Paul Landowski, quien la inició en 1921 y la terminó diez años más tarde. Pesa 1145 toneladas y mide treinta metros de altura, más ocho metros del pedestal sobre el que se yergue.

El Cerro del Corcovado se encuentra dentro del Parque Nacional de Tijuca, cuya principal característica es la de proteger a la ciudad con su densa vegetación, al prevenir la erosión en sus pronunciadas laderas, mantener las fuentes de agua que proveen a buena parte de la ciudad, y limpiar el aire. Desde el inicio de la Colonia, el bosque original sirvió para abastecer de madera a las nuevas construcciones erigidas por los portugueses. Al quedar completamente arrasado, esas tierras sirvieron para establecer los primeros cultivos de caña de azúcar y café. Pero, poco a poco, fue evidente que la ciudad había quedado sin abastecimiento de agua, por lo que el emperador Pedro II ordenó repoblarlas con árboles autóctonos y foráneos, lo que se convertiría en la primera campaña de reforestación en tierras americanas.

nm70-armado-fotos10-1423176837-248cc0c667ad343fe7834f2f282f1bb7El otro cerro que identifica a la ciudad es el conocido Pan de Azúcar, un morro de granito y cuarzo ubicado en la boca de la Bahía de Guanabara. Con una altura de casi 400 metros, es accesible a través del bondinho, un moderno teleférico de cristal artesonado con capacidad para 75 pasajeros, que recorre un tramo de casi un kilómetro y medio, entre los morros de Urca y el Pan, ofreciendo una vista panorámica de toda la ciudad y, en particular, de la Ensenada de Botafogo. En el morro de Urca, se puede observar un carro teleférico de madera de la línea original de 1912.

Pero es en el mar donde la vida de los ‘cariocas’ (gentilicio de los nacidos en Río) se desenvuelve con más naturalidad. Miles de personas terminan su jornada de trabajo y se dirigen cada día a las atractivas playas que la sinuosa geografía de la ciudad ofrece. Hay muchas, pero las dos más conocidas son las de Copacabana y la de Ipanema, separadas por una península que remata en una enorme piedra conocida como Pedra do Arpoador a un lado, y en el Fuerte de Copacabana, al otro. Allí se encuentra un parque llamado Garota de Ipanema, nuevamente en honor al músico Tom Jobim, autor de la famosa canción que se escucha en todo el mundo.

Ipanema se caracteriza por su veredas de mosaicos con formas onduladas en blanco y negro, creadas por el urbanista brasilero Roberto Burle Marx, quien también contribuyó con un diseño que permitió ganarle al mar una extensa zona junto a la playa de Flamengo, hoy convertida en parque.

Junto a la vereda de Ipanema, se habilitó un espacio reservado para bicicletas y trotadores, y en las blancas arenas se establecieron estaciones de ejercicios con pesas y demás actividades físicas, volley de playa con las manos y también con los pies, y el infaltable ‘futebol’, todos deportes en los que los cariocas se esmeran durante todo el día.

Al interior de Ipanema se encuentra la Laguna Rodrigo de Freitas, un extenso espejo de agua de cuatro kilómetros cuadrados, hoy rodeado por lujosos edificios, restaurantes y almacenes ubicados en el barrio Lagoa. En una de las riberas de la laguna y hacia la montaña, se fundó el Jardín Botánico, un parque recreativo que, en el tiempo, ha logrado reunir una enorme variedad de especies arbóreas, arbustivas y florales extraordinarias, muchas provenientes de las diversas regiones de Brasil.

Pero si hay algo que identifica a Río de Janeiro es su archiconocido Carnaval, una suerte de fiesta profana de gran algarabía y colorido. Cada año, en el mes de febrero o principios de marzo, las escuelas de samba exhiben en el Sambódromo sus vistosas coreografías y elaborados carros alegóricos, todo preparado con mucha anticipación, siempre basadas en un tema que varía de un año al otro. Cada barrio compite por la aprobación del público y de un estricto jurado que evalúa su desempeño.

Río es, por cierto, una ciudad maravillosa. Su atractivo principal, sin duda alguna, es la gente que la ocupa. Sus más de doce millones de habitantes (área metropolitana) priorizan su cultura de alegría y celebración de la vida, y esto es palpable adonde quiera que se vaya. Sus manifestaciones culturales así lo expresan; y, es en cada una y uno de ellos donde se encuentra al verdadero Río de Janeiro.

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por : Renato Ortega Luère