Feb 20

Yosemite, el Parque Nacional de California

nm727_mapa_1428417260Un halcón peregrino sobrevuela el inmenso valle creado por gigantescos glaciares, escultores de monumentales rocas de granito, la arquitectura de sus paredes. Lejanos antepasados del halcón habrán visto desde el aire esta excavación generada por la masa de agua congelada que lentamente bajó hacia el océano Pacífico, hace un millón de años.

Es la Sierra Nevada, una cordillera que se extiende de norte a sur, paralela a la costa pacífica de América del Norte. Dos vigorosos ríos fluyen por el fondo de cada uno de los valles que conforman este sistema hidrográfico: son el río Merced, que drena la parte sur y el Tuolumne, la del norte, y que con el tiempo y sus aguas han logrado, –luego del paso de los ya disueltos glaciares– cavar cañones de hasta 1200 metros de profundidad, bordeados por piedras monolíticas de dimensiones colosales.

Los aguzados ojos del halcón dominan los extensos bosques que cubren este territorio, donde una de las especies de árboles más altas del planeta acomoda sus raíces entre rocas, humedales y ríos, desde hace miles de años. En este bosque habitan y se alimentan numerosos mamíferos, aves e insectos. Deben soportar duros inviernos de escasez, tanto como disfrutar de florecientes primaveras y generosos veranos. Desde el inicio de la existencia de estos bosques, grandes incendios naturales se han encargado de renovar los suelos, y de sus cenizas han resurgido nuevos árboles, en un ciclo aparentemente interminable.

nm7210_b_ok_1428417851En relación a las edades de la Tierra, la presencia humana en esta región es muy reciente. Los primeros vestigios provienen de hace ocho mil años, probablemente de cazadores que habitaban los valles más bajos y, por ende, menos fríos en el invierno. La primera etnia reconocida es la de los ahwaneechee, perteneciente al grupo de pueblos miwok. Su nombre proviene de ahwahnee, toponimia original de este valle. Hoy existe una reproducción del mayor pueblo indígena del valle, con casas hechas de cortezas de árbol, edificios circulares de uso ceremonial, graneros y demás construcciones ancestrales, aún usadas por alguno de los siete grupos indígenas locales.

Fue recién a mediados del siglo 19, que los primeros europeos incursionaron a lomo de caballo en este oculto valle entre montañas. Los primeros en difundir las maravillas naturales de este lugar fueron escritores, pintores y fotógrafos, quienes sensibilizados por su belleza, publicaron sus trabajos y contribuyeron a incrementar el interés por estos parajes.

Pero no solo llegaron amantes de la naturaleza; empresas madereras identificaron el aparente potencial comercial de las Secuoyas Gigantes en el llamado Bosque Mariposa, donde comenzaron su explotación. Se trata de la Sequoiadendron giganteum  (el nombre Secuoya proviene de un antiguo jefe cheróqui) que puede superar los tres mil años de edad, aunque sus vecinos, el Pinus arista, otra conífera, llega a vivir hasta cuatro mil seiscientos años. Tampoco las secuoyas de estas montañas son los árboles más altos del mundo (llegan a medir hasta 105 metros), puesto que su pariente, la Sequoia sempervirens o roja (Redwood) –que habita zonas costeras del centro y norte de California y Oregón–, alcanza los 115 metros de altura, pero solo viven algo más 2 mil años. En lo que logran un título mundial, es en la suma de la masa de todos sus ejemplares: es la mayor de todo el planeta.

Un ferviente opositor a las prácticas extractivas de los diversos depredadores fue el naturalista escoses John Muir, probablemente uno de los pioneros en el mundo como defensor de la naturaleza.
En 1868, ingresó por primera vez al valle y su impresión fue tan grande, que decidió dedicar su vida a protegerlo, disfrutarlo y difundir la idea de crear alguna forma legal para preservar este territorio, esto es, sin ninguna intervención humana. Se instaló en el valle, e inicialmente, se dedicó a pastorear ovejas. En los siguientes años y en su pequeña cabaña de madera, recibió visitas de ilustres personajes, como el escritor Ralph Waldo Emerson o el célebre geólogo Joseph LaConte.

John Muir escribió cientos de artículos y varios libros argumentando razones para salvar este remanente, lo que le valió el respeto y consideración del público, de presidentes de los EE.UU. y de gobernadores. Su pasión por las secuoyas se expresa claramente en este fragmento de una de sus publicaciones:

“Tiempo atrás yo dejé todo por la Secuoya y he estado y estoy a sus pies, en ayuno y orando para la luz, pero ¿no es ella la luz más grande en el bosque?, ¿en el mundo? ¿Dónde están tales columnas de sol, palpbles, accesibles, terrenas?”.

Finalmente, en el año 1890, se crea el tercer parque nacional del país, el Parque Nacional Yosemite (el primero fue Yellowstone, incorporado en 1872, y en 1875,  Mackinac, el segundo), el mismo que fue declarado por el presidente Benjamín Harrison y fervientemente celebrado por Muir. Dos años más tarde, Muir conformaría el Sierra Club, una institución que abogaría por la preservación del parque y que el naturalista presidió hasta su muerte, en 1914.

Pero Muir no solo consiguió que se declarara esta región como Parque Nacional. En 1903 logró que el entonces presidente Theodore Roosevelt acampara con él durante tres días en este territorio, lo que reforzó, aún más, la defensa de animales, árboles y plantas que lo habitaban.

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Desde entonces, el Sierra Club se ha transformado en protagonista de su celosa protección, de la más amplia difusión y mantenimiento de los conceptos que Muir delineó en sus acciones y escritos. Otro destacado personaje, el renombrado fotógrafo Ansel Adams, fundamentó su vida en el contacto regular con estos paisajes. Adams no dejó pasar un año sin visitar Yosemite, y en cada viaje obtuvo nuevas y vibrantes imágenes en blanco y negro de sus montañas, cascadas y bosques.

Hoy, Yosemite, con sus más de 3 mil kilómetros cuadrados (el 95 % de su superficie es considerada zona salvaje), es uno de los baluartes de la conservación en los EE.UU. y el mundo. Nombrado por Unesco Patrimonio de la Humanidad, en 1984. Sus más de tres millones de visitantes anuales prueban que prosperó la idea original de construir sino los indispensables caminos y carreteras de acceso y de dejar los senderos peatonales (1300 kilómetros de longitud) como la única manera de visitarlo en profundidad.

Los sectores más concurridos son el valle, con acceso durante todo el año, el Bosque Mariposa (200 Secuoyas), con algunas restricciones durante el clima invernal; y, con severas limitaciones, Wawona y Glacier Point. Las praderas de Toulumne son recomendables especialmente en primavera y verano, así como Hetch Hetchy, una zona recuperada recientemente, y White Wolf, ambas ofrecen opciones de alojamiento durante el verano.

Las actividades más habituales en el Parque se relacionan con deportes en diversos niveles. Las caminatas son las más comunes, pero también la escalada en roca es muy concurrida y hasta se ofrecen lecciones para principiantes. Las gigantescas moles de granito del valle se han convertido en un reto para escaladores, en especial la pared conocida como El Capitán. Los paseos en bicicleta son muy populares y se desarrollan a lo largo de 24 kilómetros habilitados para este propósito. Y para aquellos que visitan el Parque durante el invierno, existen opciones de practicar el esquí y el patinaje en el hielo.

Su vida animal está dominada por la presencia de numerosos mamíferos, como los osos pardos, pumas, lobos, coyotes y zorros, el lince o gato montés, oveja o cabra salvaje, ciervo mulo, una amplia variedad de roedores (ardillas y otros)  y tantas especies más. Las aves son muy numerosas y entre estas se destaca el Cóndor de California, el ya nombrado Halcón Peregrino, el Águila Calva (ave nacional de los EE.UU.), dos especies de lechuzas, pájaros carpinteros, golondrinas y muchas aves más.

El Parque Nacional Yosemite simboliza un enorme desafío. Entre el tiempo de sus primeros exploradores, hasta el turista de hoy, esta monumental obra de la naturaleza sigue inspirando a los hombres una reverencia cercana a la idolatría. La sensibilidad de cualquier ser humano será por siempre tocada por la magnificencia de este lugar en la Tierra, que nos vuelve a recordar que este planeta es la única casa, y que de nuestro comportamiento y actitud frente a la vida, depende nuestra supervivencia y la de nuestros compañeros de viaje, los animales y las plantas, todos girando alrededor del Sol.

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por : Renato Ortega Luère